De chorreo a gotera

Adam Smith dice en su Teoría de los Sentimientos Morales que el rico avaro, por muy rico y avaro que sea, no puede abarcar con su estómago lo que abarca su vista, por lo que se ve en la obligación de compartir sus posesiones, una vez que su apetito se haya satisfecho. En esta sana idea se basa el maleado concepto capitalista del “chorreo”, que supone que la riqueza inevitablemente se distribuye en la sociedad, permitiendo que hasta el más pobre se beneficie –directa o indirectamente– de las grandes fortunas.

Un espíritu similar habita, tres siglos más tarde, Una Teoría de la Justicia, del filósofo estadounidense, John Rawls. En este ya clásico volumen de filosofía política, Rawls se pregunta cómo construir una sociedad moderna y liberal que se funde sobre la justa cooperación de sus habitantes. Para ello, Rawls imagina qué principios de justicia elegirían personas como nosotros tras un velo de ignorancia, es decir, sin saber qué lugar ocupan en la escala económica y social, si son hombres o mujeres, blancos o negros, doctorados o analfabetos. El resultado de este experimento mental, que llama “posición original”, es que la sociedad se regiría por dos principios: el primero, un respeto prioritario por las libertades básicas civiles y políticas (de conciencia, palabra, reunión, integridad física y mental); y el segundo, justa igualdad de oportunidades (en la postulación a cargos públicos, etc.) y respeto por el “principio de diferencia”. ¿Qué significa este último? Pues que las desigualdades  económicas sólo son aceptables cuando mejoran la situación de quienes están peor (es decir, una confirmación de que el chorreo siempre es bueno, cuando de verdad ocurre).

Me siento frente Smith y a Rawls después de hacer un rápido escaneo por la prensa local y mundial, y me pregunto si estos grandes teóricos imaginaron siquiera la dirección que podía tomar el capitalismo en el que tanta fe depositaron. Partiendo por casa, veo en Forbes que el grupo Luksic pasó de tener recursos por 11.000 millones a 19.000 millones de dólares en 2010, mientras que el holding de Horst Paulmann subió de 5.000 a 10.500 en el mismo período. Para ponerlo en lenguaje lego, suponiendo un gordo de loto de 500 millones de pesos, Luksic se ganó 7.800 gordos en un solo año, y Paulmann, 5.500. ¡Y uno que se queda feliz con sacarse una quina o una terna de vez en cuando! A nivel mundial, por poner sólo un ejemplo: la minera australiana BHP Billiton acaba de reportar un récord de utilidades en sólo seis meses por 10.600 millones de dólares, algo inédito en su historia (con esas cifras, los 4 millones de dólares que gastó en campañas publicitarias contra el tan batallado proyecto de impuesto a la minería parece un rasguño).

Pero mientras el número de billonarios y las ganancias de las transnacionales siguen creciendo a escala global, la evidencia de que la pobreza disminuya no es tan clara. ¿Será, parafraseando a Adam Smith, que los estómagos de los ricos han crecido junto con sus fortunas? ¿O será que, pasado cierto punto, las desigualdades económicas dejan de beneficiar a los menos aventajados, contra lo que pensaba Rawls? Voto por lo segundo. El chorreo, cuando los de arriba están tan lejos de los de abajo se transforma en gotera.

Depresión post-paro

Aunque viví el histórico paro contra el alza del precio del gas a diez mil kilómetros del epicentro, enterarme de que se había llegado a acuerdo me emocionó igual. Admito, a riesgo de sonar cursi que, contra todos mis instintos anti-chauvinistas y pro-cosmopolitas, me enorgullecí de ser parte de ese ethos puntarenense, patagónico y porfiado. A la euforia, sin embargo, siguió un malestar creciente que se transformó en depresión. Ya sé, dirán algunos, que éste es el momento para celebrar y no para lamentarse. El problema fue que me puse a pensar en el futuro. Y el futuro es siempre incertidumbre, y la incertidumbre es siempre angustia. Esto fue lo que pensé:

Si la movilización ciudadana en Magallanes fue un éxito rotundo y transversal, se debió en gran parte a que la medida contra la cual se estaba luchando afectaba de capitán a paje, a toda la pirámide económica desde los micro-organismos (las micros Movigas) hasta los grandes depredadores o consumidores (y digo esto sin ánimo de sonar peyorativa: industria, empresa eléctrica y grandes negocios). No hay mejor acicate para la acción que cuando a uno le tocan el bolsillo, no importa cuán grande o cuán estrecho. Y eso se vio claro en la unidad desplegada. Pero, y aquí viene la primera pregunta depresiva: ¿será capaz Magallanes de mantener una sola voz cuando se discutan proyectos como Mina Invierno en Isla Riesco, de impacto profundo, pero cuyos efectos no le parecerán tan tangibles ni tan urgentes a la mayoría? Isla Riesco, a pesar de formar parte de la región, nos suena a quienes no somos estancieros a terra incognita, tal vez ni siquiera visitada; un espacio entre la realidad y el sueño de cuyas maravillas se oye hablar, pero del que ni siquiera se tiene una imagen mental. Para no perder más tiempo (el proyecto ya está siendo evaluado por CONAMA), pido a los lectores que cierren los ojos e intenten recrear en su cabeza lo que sería un hoyo negro de 180 metros de profundidad y casi 500 hectáreas de diámetro. ¿Lo toleraría en su patio, o en Tres Puentes, o camino a Natales? Sin duda preguntarían si me había vuelto loca, y no dudarían en organizarse contra la propuesta. Pero eso es más ni menos lo que se quiere hacer en uno de los lugares más prístinos de Chile, para luego alimentar con el carbón extraído las plantas termoeléctricas del Norte. Aquí a la vuelta, a sólo 160 kilómetros del indio de la plaza.

Segunda pregunta depresiva: ¿Mantendrá LAN ese altruismo a toda prueba que desplegó hacia los pasajeros varados durante las jornadas de paro? Reconozco que me tuve que leer la noticia dos veces. ¿LAN Airlines, dispuesta a compensar a las víctimas de la contingencia de último minuto? Creí estar en un mundo paralelo. Qué diferente sería la vida de los magallánicos si el respeto por las emergencias personales –y no sólo regionales– contara para las líneas aéreas no por pocos días, sino todo el año. Aprovechando el impulso, me atrevo a sugerirles que lo intenten, que no van a quebrar por hacerlo y que hasta se podrían ganar el respeto de sus clientes, que muchas veces no lo son por opción, sino porque no hay alternativa. Lo dejo hasta aquí, y perdón si he contagiado a alguien con mis cuitas.

 

Más información sobre el proyecto carbonífero Mina Invierno en El lado oscuro del carbón

25/07/10 El lado oscuro del carbón

Sobre fondo blanco e inmaculado, dice en la página web del proyecto Mina Invierno, de Minera Isla Riesco, que se planea la explotación a rajo abierto, para producir anualmente entre 3 y 6 millones de toneladas de carbón sub-bituminoso (de baja capacidad calórica) por un plazo de hasta 30 años. La inversión, de 200 a 300 millones de dólares, incluye un puerto para despachar el mineral al norte; con esto se espera disminuir la dependencia nacional de fuentes extranjeras, que hoy constituyen casi el total de la oferta. Se anuncia además que durante la construcción se crearán mil empleos, para bajar en las próximas décadas a unos 400 directos y 300 indirectos. Agregan en la sección Medio Ambiente que éste es de “vital importancia”, y que van a aminorar el impacto “restituyendo la capa vegetal al término de la explotación”. En cuanto a las relaciones con la comunidad, aseguran seguir la “política del buen vecino”.
¿Qué es lo que habría que agregar a la blanca e inmaculada página? Vamos por orden. Luego de siglos de minería de carbón sub terra, graficada en las novelas de Baldomero Lillo y en los dibujos de Van Gogh (en carboncillo, valga la ironía), hoy la tendencia son las minas en superficie, del tipo propuesto aquí. Menos peligrosas para los trabajadores, que antes morían por miles reventados por el gas grisú o con los pulmones tapados de hollín, éstas últimas tienen sin embargo un mayor impacto en el medio ambiente. Como lo acredita la fundación Environmental Literacy Council, explotar el carbón a rajo abierto provoca no sólo erosión y pérdida de hábitat, sino que además contamina el aire con partículas tóxicas y exige remover cantidades enormes de suelo. Para darse una idea, para obtener una tonelada de carbón se calcula que hay que sacar 25 toneladas de tierra. Suponiendo que Mina Invierno alcance su máxima producción anual de seis millones de toneladas, se extraerían… ¡150 millones de toneladas de tierra cada año! O sea, ¡4.500 millones de toneladas en las tres décadas que se la quiere hacer producir! ¿A dónde irían a parar? Nada se ha dicho, pero probablemente el montículo podría pasar a formar parte de las altas cumbres de la Cordillera Riesco.
Prosigamos. Parte clave de la inversión se destinará a construir un puerto para despachar desde allí el mineral adonde lo necesitan, o sea, lejos de aquí, a las centrales termoeléctricas de la zona norte y centro. Éstas son generadoras como ninguna de emisiones de carbono, que Chile se comprometió a reducir en la cumbre de Copenhague en 2009. Como dato anecdótico, los grupos económicos Angelini y Von Appen, dueños de Minera Isla Riesco, suman juntos un 50 por ciento de participación en Guacolda, la mayor importadora de carbón en Chile y abastecedora de energía para la cuarta región.
En lo referente a empleos, nada se detalla acerca de la calidad de éstos o de cuántos serán para magallánicos. Como suele ocurrir con los proyectos mineros, además, la creación de trabajos es modestísima con relación a la inversión y a las ventas.
Si el medio ambiente les concierne, es por lo menos curioso que la única medida mencionada para paliar los efectos negativos de explotar una mina a rajo abierto de 500 hectáreas y 180 metros de profundidad sea plantar pasto al final. Falta también aclarar qué se hará con el drenaje ácido generado, que contamina las fuentes de aguas subterráneas y superficiales. Si un plan de mitigación ni se nombra en la página web, es de esperar que exista al menos en el EIA presentado ante la Corema.
Por último, cabe preguntarse qué se entiende por política del “buen vecino”. Los cuarteles generales de la compañía quedan en Avenida el Bosque Norte 500, Las Condes. En Punta Arenas sólo tienen una oficina y una casilla.
Uno de los directores de Minera Isla Riesco declaró que este proyecto, junto con Hidroaysén, constituían las dos grandes promesas con las que contaba Chile para paliar el problema de la energía. No creo que ni el uno ni el otro sean la solución. Mientras éste se plantee desde la perspectiva de la oferta, ni el carbón, ni la mega-hidroelectricidad, ni siquiera una central nuclear darán abasto. Lo que hay que hacer más bien es ver cómo reducir la demanda, optimizando e incentivando esa optimización, por ejemplo, con subsidios a construcciones con aislación adecuada y paneles solares. La tierra ya está bien caliente. ¿Para qué echarle más carbón?

Esta columna también puede verse en el diario El Ciudadano y en la página web de No a la mina.
La versión completa en dos partes puede leerse aquí:
El lado oscuro del carbon Iy El lado oscuro del carbon II.
Para un ejemplo de los efectos que tienen estas minas a tajo abierto en Estados Unidos, aquí un excelente reportaje del New York Times.

27/06/10 Cosas de minas

Mientras nuestro ministro de minería se encuentra en Sudáfrica para apoyar a la selección chilena de fútbol, me pregunto quién defenderá en el Congreso el polémico artículo para elevar el royalty minero, incluido en el proyecto de ley para financiar la reconstrucción. Tras ser rechazado por los parlamentarios concertacionistas, todo indica que éste necesitará de algo más que de un coro de vuvuselas para ser aprobado. Si reina la prudencia, lo lógico sería desecharlo completamente y empezar de nuevo. He aquí un par de cifras y algo de contexto para entender por qué.
El artículo en discusión propone aumentar levemente y por un par de años el royalty minero, para así obtener 600 millones de dólares que alcanzarían para construir 20 mil viviendas “definitivas” en la zona arrasada por el terremoto del 27 de febrero pasado. A cambio, se extiende la invariabilidad tributaria para las mineras hasta el 2025, ocho años más que lo acordado originalmente. Para apoyar la moción, se ha dicho que ese dinero es fundamental y que sería de una mezquindad indescriptible privar a los damnificados en este momento; que es urgente obtenerlo, y que no hay tiempo para seguir calculando mientras los sin techo enfrentan los rigores del invierno sureño (sólo aliviados por alguna tallarinata presidencial de beneficencia).
Lo que sus partidarios dicen menos es el tipo de pacto que se está proponiendo. 600 millones de dólares suenan a mucho ¬–cuando la cifra se pronuncia con solemnidad y reverencia en un discurso político–, pero equivalen en realidad a 600 casas “definitivas” al estilo de La Dehesa o Lo Barnechea; o a un 0,002 por ciento del producto interno bruto anual de Chile.
Por mi parte, le recomiendo a la autoridad ministerial que, aprovechando que ya está a mitad de camino, se dé la vuelta al mundo y haga escala en Australia, donde la discusión de los impuestos a las mineras también está que arde… o que se funde, para usar una metáfora ad hoc.
El actual gobierno laborista australiano busca eliminar el royalty –que se cobra por tonelada extraída de mineral– y reemplazarlo por un impuesto de 40 por ciento a las utilidades, o “Super Profit Tax”. No digo que haya que armar el país a punta de copiar lo que se hace afuera, pero en este caso creo que el ejemplo es iluminador. Porque el cobre no se planta ni se cosecha, y porque la demanda mundial no ha dejado de crecer en los últimos años (así como crecen las “súper-utilidades” de las compañías), las autoridades de ese país decidieron mirar a largo plazo y empezar a valorar sus riquezas naturales no renovables. A menos que se descubra cobre sintético, Australia y Chile seguirán siendo exportadores seguros de este mineral. Y a menos que las transnacionales decidan que traer cobre de Marte les sale más barato, tendrán que subordinarse a las leyes de quienes poseen la materia prima, por mucho que amenacen en un comienzo.
Mantener fijo por 15 años más un royalty de apenas 5 por ciento es tanto cortoplacista como irreflexivo. Dar esta garantía a las mineras, a cambio de un suma para ellas irrisoria, es como quemar billetes de diez mil para matar el frío, en vez de invertirlos en un buen calentador.