Nuevo Especial de Verdeseo: Mundos en Movimiento, Vidas sin Represas

Hace dos años, en Verdeseo, decidimos juntar nuestras ideas en torno a lo que estaba ocurriendo con el conflicto desencadenado por la idea de represar la Patagonia, promovida por HidroAysen. El primer producto de ese proyecto fue “7 Argumentos Para Una Patagonia Sin Represas”, donde expusimos nuestros motivos para rechazar una idea tan burda como la de HidroAysén. Luego, publicamos ”Más Allá de Hidroaysén”, buscando abiertamente superar la discusión en torno a las represas, llevando el problema de la energía al centro de la discusión por el tipo de país que queremos construir.

Dos años después, mucha agua sigue corriendo libre por los ríos de la Patagonia, y el espíritu de la aventura colectiva desatada bajo el lema ‘Patagonia Sin Represas’ se ha encarnado en muchas otras movilizaciones y causas a lo largo de todo el país. Quienes han sido olvidados por el triunfalismo y la autocomplacencia, han puesto su humanidad en las calles reclamando el derecho a una vida digna sin atropellos. A todas ellas y ellos les dedicamos esta publicación que ahora compartimos con ustedes, una publicación que busca resaltar el rol del activismo como forma de existencia; un reconocimiento para quienes han hecho de esto un modo de vivir, llamándonos a no flaquear en el esfuerzo por crear alternativas.

Mundos en Movimiento, Vidas Sin Represas: Historias de Comunidades Construyendo Alternativas a Mega-Proyectos. Verdeseo pone a disposición del público una nueva publicación, esta vez de historias del mundo y Chile de comunidades que han logrado hacer una diferencia y construir alternativas. No se la pierdan!

http://verdeseo.cl/2013/08/05/especial-mundos-en-movimiento-vidas-sin-represas/

Worlds in Movement, Living Without Dams: Communities Building Alternatives to Large-Scale Projects. Verdeseo presents its new publication, this time with stories from the world and Chile about communities that are making a difference and building alternatives. Don’t miss it!

http://verdeseo.cl/2013/08/05/worlds-in-movement-living-withouth-dams/

Preservar y conservar

Un verano en el que trabajé de guía en Torres del Paine me vi confrontada repetidas veces (aunque sin saberlo entonces), a las dos posiciones que suelen presentarse como antipódicas dentro del movimiento medioambiental. Frente a la vehemencia del Salto Grande y al imponente paisaje que lo rodea, buena parte de los turistas se sacaban una foto tras otra, se deshacían en exclamaciones acerca de la belleza patagónica y se alegraban de su suerte por sólo presenciar el espectáculo. Había otros, sin embargo, a quienes el caudal del famoso salto de agua los hacía pensar más en el derroche imperdonable de megawatts/hora: que esto era una fuente de energía única, que era una locura no aprovecharla y que nos imagináramos lo que podría ganarse con sólo instalar un par de turbinas… Mientras la tendencia de los primeros era a la “preservación”, la de los segundos se identifica mejor con la “conservación”. Hasta hace poco, pensaba que ambos términos podían usarse de manera intercambiable. Resulta que no.

Preservar y conservar son conceptos de los que se usa y abusa cuando se trata de hablar del medio ambiente, pero es importante distinguir sus significados. La distinción tiene poco más de un siglo y se puede hacer responsables de ella a dos figuras emblemáticas en los albores del movimiento ambientalista estadounidense: Gifford Pinchot (1865-1946) y John Muir (1838-1914).

Gifford Pinchot, fundador del movimiento conservacionista.

Como ingeniero forestal y primer director del Servicio Forestal de Estados Unidos, Pinchot acuñó el término “conservacionismo”: promover el cuidado del medio ambiente para su presente y futuro uso productivo. Los bosques eran para Pinchot, en último término, criaderos de árboles que había que manejar de manera sustentable para asegurar su continuidad. Más dado a la filosofía y a la mística, John Muir, en cambio, fundó el famoso Sierra Club y defendió a lo largo de toda su vida la idea de que la naturaleza había que cuidarla porque era un bien en sí, más allá de sus usos productivos inmediatos y/o a largo plazo. Ésta es la posición que hoy se identifica con el “preservacionismo”, y cuya primera manifestación explícita tuvo lugar a comienzos de 1900, en el conflicto por la construcción de una represa en el valle Hetch Hetchy, en el Parque Nacional Yosemite, California.

John Muir, preservacionista y fundador del Sierra Club

Mientras Pinchot apoyó la construcción de la represa en ese increíble valle glaciar, como “el mejor uso que podía darse a éste”, Muir peleó hasta su muerte contra ella. “Que inunden las iglesias y catedrales también entonces –alegó– ¡que nunca se ha visto un templo construido por el hombre más sagrado que éste!” Al final, la represa se construyó, pero hoy, más de un siglo después, las propuestas para eliminarla suenan cada vez más fuerte.

Me gusta pensar que Muir perdió la batalla, pero ganó la guerra. Y que es con su mirada, y no con la de Pinchot, con la que debemos abordar los proyectos que prometen pompas y desarrollo para unos pocos humanos, a cambio de una pérdida permanente para miles de seres vivos (humanos incluidos). ¡Qué ganas de que Muir hablara desde el más allá y opinara, por ejemplo, sobre Hidroaysén y Mina Invierno! Preservar y conservar: no confundir.

Matrimonio y crecimiento

Si se observa algunos de los debates políticos que hoy se dan en nuestro país, se descubre a poco andar que algunos de sus protagonistas se hayan enfrascados en una suerte de prisión conceptual que les hace otorgar a las palabras un aura de eternidad e inmutabilidad como si fuéramos nosotros –sus creadores– quienes debiéramos subyugarnos a éstas… y no al revés.

Así, por ejemplo, en el curso de la discusión del ni-chicha-ni-limonada Acuerdo de Vida en Común (AVC), se suele decir que el matrimonio es necesariamente entre un hombre y una mujer, como si aquello fuera una verdad analítica y como si decir lo contrario –“matrimonio homosexual”– equivaliera a decir “soltero casado” o “círculo cuadrado”. Antes de aprobarse la ley de divorcio, quienes se oponían argumentaban de manera similar que ésta no era una opción, ya que iba contra la definición misma del matrimonio, que en esa ocasión era entendido como un contrato indisoluble y para toda la vida. Cuando la ley entró en vigencia, sin embargo, los casados no dejaron de estarlo y el matrimonio no dejó de existir como institución. De aprobarse un matrimonio igualitario para personas del mismo sexo, lejos de dársele el golpe de gracia a la tradicional institución, se estaría refrendando su continuidad y abriéndolo a parejas que hasta ahora han sido discriminadas no sólo económica, sino ante todo social y políticamente.

El “crecimiento” nacional es otro ejemplo: por desacuerdos profundos en torno a su definición canónica es que los chilenos han marchado por miles durante los últimos meses, contra el megaproyecto eléctrico Hidroaysén en la Patagonia (supuestamente indispensable para seguir trotando al mismo ritmo (¿Hacia dónde? Nadie lo dice…); contra las termoeléctricas en el norte; contra el proyecto de ley para abrir el país al cultivo interno de transgénicos, etc. En todos estos casos, frente al mantra que dice que el país tiene que crecer, crecer y crecer, y que dicho crecimiento sólo puede obtenerse consumiendo más energía y suscribiendo cuanto tratado internacional ‘liberalice’ nuestro mercado, cabe preguntarse si no sería hora ya de poner en el tapete esta verdad sagrada de Microeconomía 1 y buscar otra mejor. Que el crecimiento del país se haya definido hasta aquí como limitado a lo económico –el valor de los bienes y servicios finales producido–, nada dice acerca de cómo sea mejor definirlo en el futuro. En esta suma ciega de productos tangibles e intangibles no se cuentan parámetros tan importantes como la desigualdad social, las horas que un trabajador promedio necesita para ganarse su sustento, las áreas verdes per cápita, la calidad de vida de la tercera edad, las oportunidades de educación para todos… Mientras no revisemos esta definición, la brecha entre las alegres cifras oficiales y las opacas percepciones individuales se hará cada vez más abismante. Dejemos por fin que las palabras evolucionen y evolucionemos con ellas.

Hidroaysén en subjuntivo

La gramática de la lengua española estipula que hay tres formas básicas que pueden tomar los verbos: el modo indicativo, típico de los relatos (“Me levanté, leí las noticias sobre Hidroaysén y me deprimí); el modo imperativo, para dar órdenes (¡No vote por ese proyecto!); y el modo subjuntivo, generalmente usado en cláusulas subordinadas, para referirse a eventos irreales o que aún no han tenido lugar (“Si hubiera estado en Santiago, habría ido a Plaza Italia a protestar”). A pocos días de que la comisión de evaluación ambiental de Aysén aprobara por 11 votos a favor y una abstención el proyecto Hidroaysén, para construir 5 mega-represas en esa región, me parece urgente conminar a ciertos medios de comunicación y autoridades a releerse esta sección de la gramática y corregir sus dichos y sus actos consecuentemente. Aunque parezcan a primera vista inocuos, los modos verbales mal usados distorsionan no sólo la información, sino también las percepciones; y de eso ya se ha visto demasiado en este debate.

Si se revisan las noticias aparecidas sobre este polémico proyecto en los medios de comunicación masivos, se sorprenderá el lector al ver que todos se refieren a Hidroaysén en futuro simple del indicativo, o sea, como si no quedaran dudas de que finalmente se llevará a cabo. “Generará 2.750 megawatts”, “la energía se llevará por una línea de transmisión de más de 2 mil kilómetros”, “la inversión tendrá un costo cercano a los 7.500 millones de dólares”, son todas frases que hemos escuchado y leído repetidamente desde mucho antes que la comisión sesionara siquiera. Las amenazas a la población, de rechazarse la iniciativa, también se han conjugado como si describieran un futuro cierto y aciago: “Chile se quedará a oscuras” (¡Buuh, y vendrá el cuco por añadidura!). Sin embargo, por tratarse sólo de una hipótesis –a pesar de lo que diga la minoría que lo apoya–, les pediría a los señores editores, en aras de la claridad de lo que informan, que se limitaran a usar en este tema el modo subjuntivo. Por ejemplo: “Si se aprobara la línea de transmisión, ésta cruzaría seis parques nacionales y 11 reservas nacionales, entre otras áreas sensibles”. “Si llegaran a construirse finalmente, las represas inundarían más de cinco mil hectáreas de ecosistema patagónico”. “Si se decidiera seguir adelante, esto sería contra la opinión de la mayoría ciudadana”. Et cétera.

A esta confusión de subjuntivos por indicativos se suma un problema mayor: por un lado, el de hacer pasar ciertos subjuntivos por imperativos y, por otro, el de creer que lo son y seguirlos. En abstracto, que alguien diga que sería muy bueno para Chile si se aprobara Hidroaysén no es más que la expresión de un deseo, una esperanza, una opinión lanzada al viento o al micrófono; un puro e inofensivo subjuntivo. Cuando es el ministro del interior horas antes de la votación quien sale con esa frase, sin embargo, el subjuntivo gramatical se convierte en imperativo político, y resulta en la votación de todos menos uno de sus subordinados a favor del sueño ministerial. La mala gramática resulta entonces en mala política. A ver si en lo que viene de debate las vamos mejorando…

¡No a Hidroaysén!

El “recurso” más valioso de la Patagonia no es supotencial hidroeléctrico, sino su naturaleza casi intocada por el hombre, fuente de biodiversidad. Los chilenos todavía tenemos la oportunidad única de llevar a cabo una política energética inteligente, sustentable y que beneficie a todos (y no sólo a unos pocos), pero la única manera de lograrlo es dejar las miradas cortoplacistas de quienes buscan dividendos rápidos.

Si no se hacen las represas en Patagonia, no nos quedaremos a oscuras: a oscuras nos quedaremos si optamos por repetir errores de los que otros hoy se arrepienten, a oscuras nos quedaremos si se persiste en una mirada centralizadora que ve a las regiones como fuentes de suministro de materias primas; a oscuras nos quedaremos si se insiste en descalificar a quienes se oponen a Hidroaysén como fanáticos verdes opuestos al “crecmiento país”. La desidia nunca ha sido una virtud, y de desidia pecaremos los chilenos si se aprueba este megaproyecto destructivo que promete luz barata hoy a cambio de altísimos e irreversibles costos ambientales mañana.

Para una historia similar a ésta y que, afortunadamente, tuvo final feliz, ver La lección de Tasmania, en Verdeseo

7 Argumentos para una Patagonia Sin Represas

VerDeseo entrega esta publicación de libre divulgación para que la ciudadanía conozca siete argumentos para oponerse fundadamente al mega proyecto hidroeléctrico HydroAysén. Este proyecto está a punto de resolver su aprobación o desaprobación en el Sistema de Evaluación de Impacto Ambiental (SEIA) en Chile. Disfruten, difundan y participen!

http://verdeseo.cl/2011/04/26/siete-argumentos-para-una-patagonia-sin-represas/

El pdf de esta publicación de Verdeseo se puede descargar aquí: HidroAysén (Final)