7 Argumentos para una Patagonia Sin Represas

VerDeseo entrega esta publicación de libre divulgación para que la ciudadanía conozca siete argumentos para oponerse fundadamente al mega proyecto hidroeléctrico HydroAysén. Este proyecto está a punto de resolver su aprobación o desaprobación en el Sistema de Evaluación de Impacto Ambiental (SEIA) en Chile. Disfruten, difundan y participen!

http://verdeseo.cl/2011/04/26/siete-argumentos-para-una-patagonia-sin-represas/

El pdf de esta publicación de Verdeseo se puede descargar aquí: HidroAysén (Final)

Yasuní

Podría ser el nombre de una protagonista de teleserie de ésas que dan después de almuerzo y, en realidad, algo de protagonista tiene. Yasuní, el parque nacional más biodiverso de Ecuador, viene hace meses haciendo noticia gracias a una ingeniosa propuesta que, de resultar exitosa, podría replicarse de manera positivamente revolucionaria.

Yasuní ocupa casi un millón de hectáreas de selva amazónica y su biodiversidad es tal que en una sola hectárea se han llegado a contar 655 especies diferentes de árboles (más que el total de Canadá y Estados Unidos combinados). Esto, además de una rica fauna de pumas, jaguares, cacatúas, monos aulladores y un largo y tropical etcétera. Yasuní es también el hogar de dos tribus indígenas que casi no han tenido contacto con la ‘civilización’: los Tagaeri y Taromenane. Todo bien hasta aquí, si no fuera por un solo y gran Pero: bajo un quinto de su superficie, el área conocida como Yasuní-ITT, se esconden el 20 por ciento de las reservas conocidas de petróleo de Ecuador, 846 millones de barriles que se les hacen agua a la boca –o, mejor dicho, bencina al tanque– a los inversionistas extranjeros ansiosos de combustibles fósiles. (Los otros 4/5 de la reserva ya han sido o están siendo explotados por empresas chinas, francesas, estadounidenses, canadienses, argentinas, brasileñas y españolas.)

En un despliegue de consecuencia con su discurso de protección de los derechos de la naturaleza y del ‘buen vivir’ (inscritos en la Constitución ecuatoriana), el gobierno de Correa presentó hace tres años un novedoso plan para preservar en lugar de explotar este tesoro. (No se crea, sin embargo, que ésta ha sido la postura constante de Correa,  que tuvo en el pasado fuertes altercados con defensores del medio ambiente y comunidades indígenas, e incluso  le quitó el estatus legal temporalmente a una de las ONGs más activas en la materia: Acción Ecológica. Pero dejemos esto a un lado por el día de hoy).

En breve, la idea es la siguiente: que países desarrollados (acreedores o no de Ecuador), el Banco Mundial y ONGs ambientalistas de gran calibre contribuyan con 300 millones de dólares anuales, durante la próxima década, a un fondo administrado por Naciones Unidas, destinado a desarrollar en Ecuador energías renovables, fomentar el transporte público eléctrico, reforestar, etc. A cambio, se respetaría una moratoria para mantener a Yasuní-ITT como hasta ahora: libre de la polución que implica la extracción de petróleo.

La propuesta podría considerarse extremadamente ambiciosa, pero no lo es tanto si se considera que sólo se está pidiendo la mitad de los ingresos que generaría dicha industria: unos seis mil millones de dólares en diez años. De paso, se le ahorran a la atmósfera 547 millones de toneladas de CO2, los que –si bien no todavía– con el tiempo podrían llegar a canjearse en forma de bonos de carbono.

Aunque Ecuador firmó en 2010 el acuerdo con el PNUD (Programa de Desarrollo de las Naciones Unidas), la respuesta internacional ha sido tan escéptica y lenta que Correa amenazó en enero con someter la decisión a plebiscito, si no lograban recolectarse al menos 100 millones de dólares antes de fin de año. Hasta ahora, 38 millones de dólares han sido comprometidos en conjunto por Italia, España, Bélgica y… ¡Chile! Alemania, que había prometido grito y plata al comienzo, decidió retractarse, y otros países desarrollados han optado por el silencio. Esto puede deberse a que, si bien existen actualmente programas internacionales para desincentivar la tala de bosques y la deforestación (como REDD, Reducción de Emisiones producidas por la Deforestación y la Degradación Ambiental), es primera vez que se propone un fondo para no explotar un combustible fósil, como el petróleo. Y, ante la duda acerca de cómo funcionaría, los potenciales contribuyentes prefieren abstenerse.

De resultar exitosa la idea, me pregunto si no podría extenderse a otros minerales similares, como el carbón. De ser así, Correa podría entonces sugerirle a su colega chileno que replique la idea en nuestra magallánica Isla Riesco y que, en vez de permitir que una reserva de vida se transforme en un hoyo negro, la mantenga para futuras generaciones (ahorrándose, de paso, varios miles de toneladas de emisiones de CO2).

Más información sobre la iniciativa Yasuní-ITT puede encontrarse en Amazonía por la vida. Y más información sobre Patagonia sin Carbón en Alerta Isla Riesco

La “fiesta” del gas

Antes que nada, un reconocimiento: ¡Gracias, magallánicos, por cumplir apenas comenzando el 2011 mi pedido de Navidad, formulado hace un par de semanas en este mismo espacio! Decía ahí que esperaba que “los consumidores por fin nos demos cuenta de que tenemos el poder, lo asumamos y lo ocupemos para batallar contra las injusticias globales y locales, para mejorar fallas que pueden fácilmente corregirse y para hacer de este frágil planeta un lugar más acogedor no sólo para unos pocos humanos afortunados, sino para todos los que lo habitan.” Dicho y hecho. La amenaza de un alza de casi 17 por ciento en las cuentas de gas de la región ha logrado generar una movilización ciudadana transversal, como de las que hace tiempo no se tenía noticia, y Magallanes se muestra ante el país y el mundo como un bloque unido y organizado. Al tiempo que escribo, comienza el paro indefinido hasta que el gobierno dé una mejor respuesta que un par de subsidios y la ofensiva recomendación de  “acabar la fiesta” (como si consumir gas natural fuera un hobby magallánico). Aquí aprovecho la ocasión para analizar tres justificaciones –a mi parecer insuficientes– que se han dado para la medida.

Primero, se ha dicho que ésta tiene como finalidad permitir la sobrevivencia y el futuro desarrollo de la ENAP. No soy ingeniera, pero no hay que serlo para darse cuenta de que esta afirmación no resiste análisis. La diferencia que pagarán los clientes magallánicos –residenciales, industriales, vehiculares y EDELMAG– no va a pagar la deuda de 4 mil millones de dólares que desangra hoy a la empresa estatal. Más aún, en proporción éstos consumen sólo un décimo de lo que se lleva Methanex, así que si es por juntar fondos, hacia otro cliente debiera dirigirse la mirada. El problema de ENAP no es meramente financiero, sino ante todo de estructura y cultura institucional. Si en algún lugar debería acabarse la fiesta es en esa empresa, donde algunos todavía se creen en tiempos de bonanza, cuando los trabajadores se tomaban el jugo de las latas de duraznos y botaban el resto a la basura (Literalmente. Ésta era una de las historias favoritas que me contaba mi padre cuando niña).

Segundo, se ha justificado el alza como una medida de justicia para el resto de los chilenos, que pagan hasta ocho veces más por un consumo similar. Objeción 1: la gran mayoría del “resto de los chilenos” viven en un clima donde el uso del gas se limita gran parte del año a calentar el agua para la ducha y cocinar los tallarines, y además poseen otras alternativas energéticas. Objeción 2: Si ecualizar para peor es el concepto de justicia que manejan nuestras autoridades, pues entonces con la misma lógica que apliquen precios magallánicos a las frutas y hortalizas del Mercado Central. A ver qué cara pone la casera cuando le cobren dos lucas por el kilo de tomates.

Tercero, se ha dicho que el alza responde al agotamiento del recurso, que se nos acaba el gas en un par de años. Me parece poco creíble que éste sea el caso (dadas las noticias aparecidas en años anteriores sobre nuevos yacimientos), pero más allá de eso creo que es aquí donde la crisis debería transformarse en oportunidad. Si por “derroche” se entiende un uso desmedido, entonces es cierto que en Magallanes se derrocha gas (y energía en general), pero no con dolo, sino por la simple razón de que la mayoría de las casas no cuentan con la aislación térmica adecuada. Y en esto estamos lejos de ser la excepción nacional. Si la idea de desarrollar fuentes energéticas alternativas es en serio, ¿por qué no hacer de Magallanes la pionera? Con paneles solares se tendría una excelente fuente de calefacción y agua caliente; y el viento podría gracias a granjas eólicas convertirse por fin de enemigo en aliado. Esperar que esta iniciativa surja de los privados, sin embargo, no tiene destino. Sólo el Estado fijando requerimientos de construcción más estrictos, haciendo campañas para el ahorro energético, dando incentivos económicos adecuados y creando subsidios constructivos (y no meramente parche) puede gatillar un cambio así. Sería histórico.

Distinguirse

Un par de columnas atrás hablaba sobre las repúblicas bicenteañeras de América Latina, jóvenes y  bullantes, pero faltas de experiencia y a veces irreflexivas en la toma de decisiones, análogas a un humano adolescente. Vuelvo sobre la misma idea, pero esta vez pensando en un aspecto específico en que Chile podría hacer las cosas de otra manera (mejor a mi juicio)… si dejara de ser tan bicenteañero.

En el último tiempo, me ha tocado encontrarme con distintos extranjeros relativamente bien informados sobre nuestro país y nuestra geografía, y cada vez que hemos llegado al tema de los recursos energéticos, ha surgido un comentario similar a éstos: “¡Ustedes sí que aprovecharán la energía solar con ese tremendo desierto!”, “Con esa larga línea costera, ¿son pioneros en el tema de la energía maremotriz?”, “¿Tienen muchas plantas geotérmicas cerca de los volcanes, como Italia e Islandia?” Y entonces me toca responder: “No, la verdad es que no.” Ante la contrapregunta de dónde sacamos la energía, simplemente me sonrojo: “Centrales a carbón e hidroelectricidad, pero nos estamos quedando cortos, así que uno de los proyectos que hoy se discuten es hacer cinco represas en Patagonia, y transportar la energía dos mil kilómetros al norte, que es donde se necesita.”

Para esos oídos extranjeros –y para cualquiera que revise la información disponible–, la sola sugerencia de inundar no importa si una o mil hectáreas en Patagonia para crear hidroelectricidad está en las antípodas de lo que se entiende por energía renovable. La Patagonia es uno de los escasos lugares en el Planeta (no en Chile, entiéndase, en el Planeta) que todavía evoca imágenes de tierra virgen y naturaleza viva, tesoro de biodiversidad y paisaje prístino. “¡En Patagonia!” me reclaman mis interlocutores. “Sí, en Patagonia”, respondo cada vez más avergonzada, aunque sin todavía perder completamente la esperanza de que quienes hoy dirigen mi país recapaciten y entiendan de una vez por todas lo que tanto les cuesta entender a los políticos: que el mundo continúa cuando ellos terminan su período, pero que la decisiones que toman en ese período no se terminan con ellos y son irreversibles.

¿Qué tiene que ver esto con el síndrome bicenteañero? Pues lo siguiente. Antes de hacernos adultos, pasamos por un período de imitación, donde queremos ser como el resto, pertenecer a la masa, pasar indiferenciados. Es un período donde hacemos caso omiso de nuestros potenciales particulares y optamos simplemente por copiar: en este caso, optando por lo más conocido y –engañosamente– más barato (entendiendo por “barato” lo que cuesta menos a cortísimo plazo).

En lugar de seguir fórmulas de otros (de las que muchos ya vienen de vuelta con la cola entre las piernas), debemos atrevernos a distinguirnos, a llevar la delantera, a aprovechar nuestras ventajas comparativas. En la práctica, eso se traduciría en la Plataforma Solar Atacama, en exploración geotérmica y maremotriz todo a lo largo del país, en granjas eólicas en Magallanes, Chiloé y Aysén. Tenemos todo para marcar la diferencia y ser pioneros mundiales en energía renovable. La única excusa posible si no lo hacemos son los intereses egoístas de quienes tienen el efímero poder, o pura y simple tontera. Ambas opciones son impresentables.

Esta columna puede leerse también en la edición online de El Magallanes

Más información sobre los graves problemas del proyecto Hidroaysén puede encontrarse en…