Los pinos no dejan (ver el) bosque

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Aún no se enfrían los ánimos por la aprobación de la controvertida ley de pesca, que renueva por 20 años el control del mar chileno por un puñado oligopólico de empresas, cuando aparece amenazante el proyecto de ley para extender con mínimas modificaciones, también por 20 años, la vigencia del Decreto Ley 701 de “Fomento Forestal”. De aprobarse, advierte la Agrupación de Ingenieros Forestales por el Bosque Nativo (AIFBN), el Estado seguirá beneficiando a básicamente tres grandes empresas forestales (Arauco, CMPC y Masisa) en desmedro de lxs pequeñxs y medianxs propietarixs. Además, desde su promulgación en 1974, este decreto ley ha sido clave en la transformación del paisaje del centro y sur de Chile, y todo indica que esta transformación no hará sino profundizarse de aprobarse su extensión.

No hay que ser excesivamente observador para darse cuenta de la monotonía de pinos radiata y eucaliptus globulus en que se han ido transformando las regiones VI a las X bajo la actual ley. Donde antes había bosque nativo, ahora las plantaciones de madera para la obtención de celulosa son la norma. Están bien documentados los males ambientales que estas especies exóticas de rápido crecimiento dejan tras su tala: suelos erosionados y desertificación, pérdida de biodiversidad, napas sedientas, ríos y vertientes alterados en su curso. Los incentivos económicos son tales, sin embargo, que la expansión de los monocultivos no promete detenerse. En Chiloé, por ejemplo, hace una década unas tímidas plantaciones de eucaliptus asomaban a la entrada norte de la isla, tras cruzar el canal de Chacao. Hoy estos árboles nativos australianos – tan inflamables como sedientos – pueden verse todo a lo largo de la carretera hasta llegar a Castro, al corazón de la isla, y todo indica que seguirán hacia el sur. Quizás en 2033 haya que ir al Parque Nacional Chiloé o al Parque Privado Tantauco para ver los nativos mañíos, ulmos y arrayanes. ¿No sería al menos curioso que el actual Presidente del la República diera su apoyo a una ley para incentivar la tala de esas mismas especies que dice proteger en su predio, que lleva por slogan “el lado salvaje de Chiloé”?

Uno de los argumentos esgrimidos para extender el D.L 701, denuncia la AIFBN, es que supuestamente promoverá la recuperación de los suelos erosionados. En los casi 40 años de vigencia de la ley, sin embargo, la tendencia ha sido sustituir el bosque nativo por plantaciones exóticas, lo que va directamente en contra del objetivo propuesto. Nada indica que en los próximos 20 años de vigencia de la ley esta tendencia cambiaría.

En cuanto a los costos sociales y económicos de extender el D.L 701, la AIFBN advierte también que en nada beneficiaría la economía rural local. Al contrario, se seguiría subsidiando a los más grandes en desmedro de lxs pequeñxs y medianxs empresarixs forestales que aún sobreviven. Las comunidades rurales en las zonas de monocultivo forestal son hoy unas de las más pobres del país y la subcontratación de trabajadorxs es el modus operandi predominante. En el caso específico de las comunidades indígenas, existe preocupación pues no ha existido un debido proceso de consulta, acorde a lo exigido por el Convenio 169 de la OIT sobre Pueblos Indígenas y Tribales, vigente en Chile desde 2009.

Durante enero, 23 organizaciones ciudadanas enviaron a la Cámara de Diputados una carta abierta pidiendo rechazar la prolongación de esta ley y encomiándolos a elaborar una nueva ley forestal, que no sólo restablezca el balance social y económico entre los actores del rubro, sino también se enfoque por fin en el manejo sustentable de nuestros bosques, entregue subsidios directos sólo a los pequeñxs y medianxs empresarios e incentive a las grandes empresas a pagar sus impuestos territoriales a nivel local. La misma AIFBN ha propuesto los principales lineamientos que debería incluir dicha iniciativa. Tras pasar de la Comisión de Hacienda a la “sala” el pasado 13 de marzo, lo próximo es ver si lxs diputadxs resolverán legislar o no sobre el proyecto. En año de elecciones, bien harían en lavarse los oídos y atender a las legítimas demandas de quienes se verían directamente afectados de aprobarse.

Esta columna también puede leerse en El Magallanes y Lamansaguman

Castro, patrimonio de la mall-idad

Cuando vi la foto por primera vez, me quedé tranquila, pensando que de seguro era una broma; que algún ocioso se había pasado la tarde fotochopeando la clásica postal de Castro, poniéndole al frente un mamotreto impresentable y fuera de toda escala, al lado del cual el hotel Unicornio Azul parece un punto, y la majestuosa catedral de dos torres queda convertida en una animita.
Pero no. Era demasiado malo para ser broma. El mamotreto existe. Está en plena construcción. Será el primer mall de la isla grande de Chiloé, que traerá por fin a la capital comunal el tan esperado progreso del endeudamiento en 48 cuotas, reemplazará milcaos por combos y, sobre todo, pondrá a Castro en el ranking de adefesios urbanísticos de la última década. Me pregunto a dónde andaba el seremi de vivienda y urbanismo, cuando aprobaron semejante proyecto. ¿De vacaciones? Probablemente. Y si no, le recomendaría que se las tome ahora, sin fecha de regreso.
Dicen las pocas noticias disponibles al respecto que el proyecto de 27 millones de dólares de la empresa Pasmar (la misma que construyó los malls Costanera y Paseo del Mar en Puerto Montt) ha violado reiteradamente la normativa municipal; que van cuatro mil metros construidos por sobre lo que se había acordado en el diseño original; que la lista de irregularidades es tan larga que la Dirección de Obras le ha pedido tres veces a la constructora Salfa que paralice la construcción y no lo han hecho.
Si esta total impotencia de la autoridad municipal frente a los dictámenes de la empresa es realmente cierta, ya no sé si es más grave el atentado arquitectónico en sí mismo o lo que dice este hecho sobre nuestra institucionalidad democŕatica. Mientras en 2011 se repitieron hasta el cansancio las escenas de ciudadanos y estudiantes protestando en aras de una mayor justicia social, los que fueron recibidos con guanacos, bombas lacrimógenas y violencia a veces excesiva de las “fuerzas del orden”, quisiera saber dónde están esas fuerzas del orden en este caso, y por qué no les disparan un chorro de agua fría a los ejecutivos de la empresa, para hacerlos entrar en razón (por la fuerza).
Declararse francamente en rebeldía frente a las instituciones democráticamente elegidas en aras del lucro puro y simple debería tener una sanción mayor que la tibia protesta de unos pocos vecinos, quejándose porque les prometieron multisalas de cine que nunca serán construidas.
Me llama la atención el silencio en que este proyecto fue avanzando, totalmente inadvertido para el resto de los chilenos. ¿Cómo es posible que la noticia recién se haga pública cuando la construcción ya se empina muy por encima de las torres de la catedral castreña? ¿Cómo es posible que instituciones como el Colegio de Arquitectos o la Corporación de Amigos de las Iglesias de Chiloé, declaradas patrimonio de la Humanidad por la Unesco, no hayan vociferado en contra, antes de que se concretara? El punto no es si construir un mall o no en la isla; el punto es cómo se construye.
Chiloé fue elegida por The New York Times como uno de los destinos turísticos favoritos para el 2012, por su arquitectura pintoresca y sus ricas tradiciones y costumbres. Pero entre las fotos que aparecen para promocionarla figuran los palafitos y las casas de tejas, no el mall de Castro. Ni modo.

05/09/10 El Monte

En su libro Fundamentos de Ética Medioambiental, el filósofo estadounidense Eugene Hargrove escruta aquellas actitudes presentes en la cultura occidental que servirían para fundar una ética de respeto por la naturaleza: desde las propiamente filosóficas, pasando por las estéticas hasta las científicas. En un pasaje muy interesante, que trata las relaciones de propiedad y uso de la tierra, el autor explica cómo, al momento de constituirse los primeros parques nacionales en Estados Unidos, a mediados del siglo XIX, uno de los argumentos de los opositores sostenía que esas hectáreas se iban a convertir en wasteland: tierra perdida o desechada. El valor de la tierra lo ponía el trabajo del hombre, decían, remitiéndose a la tradicional doctrina del derecho de propiedad de John Locke. Una tierra sin peregrinos ni vacas pastando no tenía razón de ser. Había que domarla, colonizarla y conquistarla antes de que ella nos conquistara a nosotros.
Afortunadamente para sus hijos y nietos, sus razones no convencieron lo suficiente y fue posible el nacimiento de parques como Yellowstone, con sus bosques poblados por el oso Yogi y sus géisers que atraen a miles de visitas cada año. Esa idea de que la tierra intocada y sin la presencia humana carece de todo valor y necesita ser domesticada se mantiene viva, sin embargo, y nos toca de cerca. Baste con examinar la relación que mantienen aún hoy los chilotes con “El Monte”.
¿Qué es “El Monte”? Pues lo contrario de la tierra “limpia” para el pastoreo; ese lugar de difícil acceso, desde donde salen los zorros por la noche a comerse las gallinas, desde donde se oye el misterioso canto del chucao y donde probablemente viven el Trauco, la Fiura y el Basilisco. El monte es tierra desaprovechada, porque no deja lugar para la habitación humana ni para el ganado ni para el cultivo. Sólo cuando se ha talado, rozado y arado sube de status.
Sería interesante estudiar cómo los valores heredados por los antiguos colonizadores españoles aún se mantienen vivos en la conciencia chilota. A su llegada, hace más de cuatro siglos, el bosque nativo se presentaba sin duda como el principal enemigo del hombre, aquél que le impedía avanzar y que amenazaba con cercarlo al menor descuido. Mientras los huilliches convivían en armonía con su medio, los colonizadores importaban el modelo europeo de agricultura, donde la pradera era el summum bonum.
Así fueron “limpiando” la Isla Grande y también las pequeñas (muchas de ellas hoy tienen que importar leña de otros lugares), y así fueron llegando males asociados, como el espinillo, plaga que inunda las praderas abandonadas y que cada vez se extiende más al sur.
¿Cómo detener la tala y preservar lo que queda? ¿Cómo hacer que “El Monte” pase de tener una connotación negativa a una positiva? Poco a poco, parece, los chilotes se han ido dado cuenta de lo que tienen y de lo que vale. Que un inversionista de ojo certero hoy laboralmente reconvertido se haya comprado el 15 por ciento de la isla donde más “Monte” hay, algo debería indicar. Ojalá pronto sea una perogrullada decir que la naturaleza está recuperando el valor que durante tantos siglos le fue injustamente negado.

15/08/10 Empleo tipo salmón

Leo con sorpresa en los diarios locales que se anuncia para Magallanes el alba de una nueva industria; una industria que promete generar sólo en su primer año de producción tres mil nuevos empleos, lo que bajaría a la mitad la tasa de desocupación regional (hoy de un seis por ciento) y se convertiría en uno de los polos más importantes del desarrollo económico.
Se trata de entregar 600 concesiones para instalar jaulas salmoneras, desperdigadas por los bordes costeros de Magallanes, Última Esperanza y Tierra del Fuego. Precarias instalaciones flotantes en medio de fiordos y paisajes agrestes; en lugares recónditos hasta ahora, pero que pronto dejarían de serlo.
Dice el subsecretario de pesca, Pablo Galilea, que la expansión salmonicultora a nuestra región es “una imperante necesidad”. Y yo me pregunto a qué se refiere. ¿Imperante necesidad porque sin nuestra participación peligra el ranking de Chile como top exportador de este pescado a nivel mundial? ¿Imperante necesidad porque, tras la hecatombe del virus ISA en la X región, a las empresas salmoneras no les quedó otra que mirar hacia el austro? ¿Imperante necesidad porque hay que generar empleos como sea, sin importar su calidad?
Referirse a la estela de problemas ambientales y sanitarios que dejó esta industria en Chiloé ocuparía la edición completa de este diario dominical y mucho más. Entre los más serios: pérdida de biodiversidad tanto por el escape masivo de estos depredadores marinos como por la matanza de lobos y aves, contaminación de aguas y playas, uso excesivo de antibióticos, competencia por los recursos pesqueros silvestres para dárselos como alimento a los voraces salmones.
Pequemos de confiados, sin embargo, y asumamos que estos errores no volverán a repetirse, porque las autoridades habrán aprendido y esta vez sí habrá fiscalizadores que defiendan el patrimonio de los ciudadanos y no de las empresas; y multas que duelan y no den risa o a lo más, cosquillas.
Centrémonos en el tipo de empleos que se espera generar. Para los que padecen de memoria de corto plazo, recuérdese que, en la edad de oro del salmón chilote, la mitad de los cerca de 50 mil trabajadores estaban subcontratados y el 80 por ciento recibía el salario mínimo. Las mujeres conformaban la mayoría del cuerpo laboral, dedicadas al faenamiento. Las LER (lesiones por esfuerzo repetitivo) se pusieron tan de moda como la artritis, por las bajas temperaturas a las que se veían obligadas a trabajar. Sólo entre 2005 y 2006, se supo que 50 personas perdieron la vida en faenas relacionadas con la industria. Mientras, ésta facturaba tres mil millones de dólares anuales. Demás está decir que las oficinas de las principales empresas no quedaban en Chonchi ni Mechuque.
Si lo que hoy se vende como la promesa de desarrollo económico para Magallanes va a ser la continuación de la triste historia con triste final de Chiloé, llamo a luchar por evitarla. A quien le queden dudas, que se comunique con algunos de los 20 mil cesantes que dejó la industria en su paso por la X región, y que oiga de la fuente misma lo que son los empleos tipo salmón.

Empleo tipo salmón puede leerse también en VerDeseo, El Repuertero y HolaVerde