Esas mil pequeñas violencias

Me alegra enterarme de la masiva convocatoria que tuvo la marcha #NiUnaMenos, contra la violencia de género y los últimos femicidios que han remecido al país. En Magallanes fueron más de medio millar de personas las que salieron a las calles, y en las redes sociales y medios de comunicación el evento logró amplia cobertura. Sin embargo, no me dura mucho la alegría cuando hago la siguiente reflexión: si bien es cierto que todos y todas, más o menos, estamos de acuerdo en que no es aceptable asfixiar niñas, ni violar pololas, ni incendiar esposas, ni acuchillar embarazadas, hay una violencia sistemática de género que sigue tan ubicua como siempre y que – de tan acostumbrados que estamos a ella – apenas logramos detectar. Es violencia porque usa la fuerza del lenguaje y de las imágenes para perpetuar la idea de la mujer objeto, mujer sumisa, mujer machista. Y es sistemática porque es cosa de todos los días y de (casi) todos los lugares. Mientras no lidiemos con esta violencia tampoco podremos librarnos de aquella, porque una alimenta a la otra.

No sé ustedes, pero yo ya estoy cansada de las portadas de ese diario popular que ubica día a día el trasero de una mujer justo en el rincón inferior derecho de la página, para que sus lectores/masturbadores puedan masajearla virtualmente… los mismos que seguirán atentos cada avance del certamen Mis BumBum 2016; los mismos que a cada oportunidad que tengan en la calle se sentirán con la libertad para decirle alguna una ordinariez a cualquiera (fémina, por supuesto) que mueva el bumbum. No sé ustedes, pero también me aburrí de ese pasquín supuestamente progresista al que no le falta jamás una columna, entrevista o entrada de tono pornográfico. No es que me oponga de por sí a la pornografía, pero por favor: que en el 99 por ciento de los casos sean las mujeres exclusivamente el objeto del deseo algo dice sobre la línea editorial del medio y lo que sus responsables consideran como “default” o normal. Si tanto les gusta el porno, ¡entonces que nos dan a las heterosexuales al menos día por medio un chichecito masculino con el cual fantasear! Por último, no sé ustedes, pero se me acabó la paciencia hacia quienes siguen haciendo chistes respecto a la igualdad de género y la liberación femenina. Acusar de “tontos graves” (o, mejor dicho, “tontas graves”) a quienes no simpatizamos con este tipo de humor devela a un acusador que en realidad no se ha tomado estas justas causas de lucha en serio. Además, abusar de la ridiculización contra el oponente como estrategia hace perder efectividad. ¡Y uf si se abusado!

La lista podría seguir y seguir, pero el punto de esta columna es llevarse la tarea para la casa y estar atentos y atentas. Mientras no dejemos de recrear la subordinación de la mujer en mil pequeños gestos, comentarios, chistes, fotos y diagramaciones, tampoco podremos detener los hechos más violentos a los que esta cuasi-imperceptible estructura permite tomar forma.

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