Los primeros auxilios del pensar

Hace un tiempo me referí en una columna a lo que me parecían que eran contenidos fundamentales que incluir en el currículum escolar; un currículum que suele pecar de exceso de teoría y dato inútil en desmedro del conocimiento práctico y de uso diario. Entre las materias que tenía en mente estaban cocina y gasfitería básica, alfabetización financiera y, cómo no, primeros auxilios.

En esta columna, al contrario, abogaré por la no desaparición de una asignatura que hoy corre el riesgo de ser absorbida dentro de otra, y pasar quizás de ser obligatoria a electiva. Pero abogaré también por darle un giro a sus contenidos. Se trata de filosofía, que en el nuevo proyecto del Ministerio de Educación pretende enseñarse al alero de un nuevo ramo llamado Formación Ciudadana. Los promotores de la idea dicen que no desaparecerá filosofía del currículum; al contrario, ésta ahora será enseñada a todos, no importa si estudiantes de liceo científico-humanista, técnico o artístico. Pero, me pregunto yo, ¿por qué no agregar filosofía por sí sola a los planes curriculares que hoy no los tienen, en lugar de subsumirla bajo otra cosa en aras de la democratización educacional?

El debate ya se ha armado en los medios y en las redes sociales, y no es necesario volver a repetir los sensatos argumentos que se dan para mantener esta disciplina: necesitamos ciudadanos que sepan argumentar, necesitamos ciudadanos con pensamiento crítico, necesitamos ciudadanos reflexivos. Si se ve el nivel de argumentación, pensamiento crítico y reflexión promedio en quienes tuvimos filosofía como asignatura obligada, cabe preguntarse sin embargo si la enseñanza de filosofía en el colegio sirvió de algo. Pocos son los que están entrenados para escuchar a un político o leer una columna de opinión e ir detectando las premisas explícitas e implícitas, las conclusiones, el adorno retórico y las falacias que se cuelan por las rendijas de los discursos. A muchos les enseñaron lo que pensaban Sócrates, Aristóteles, Descartes y Nietzsche, pero no les preguntaron qué opinaban de ello, si les hacía sentido lo que decían estos “próceres” del pensamiento, o qué problemas les veían al curso de sus argumentos. En mi caso, tuve la suerte de tener a un profesor que sí motivó esas preguntas y si nos acicateó a bajar a los Grandes de sus pedestales y batírnoslas con ellos de igual a igual. Así, me parece, es como debiera enseñarse esta disciplina, y así, me parece, es que debiera volverse obligatoria en todos los colegios y liceos de Chile.

El filósofo español, Ortega y Gasset, decía que las personas debíamos aprender a distinguir entre ideas y creencias. Las primeras, decía Ortega, eran material de juego, los pensamientos que teníamos, tomábamos y dejábamos, que a veces defendíamos y a veces cambiábamos. Las segundas, en cambio, costaba verlas porque “estábamos” en ellas. Su ejemplo era la creencia de que el suelo bajo nuestros pies no nos tragará; que la superficie, bajo condiciones normales, se mantendrá rígida y estable. Sin creencias como ésa no podríamos vivir (imagínese el infierno de dudar a cada paso del próximo paso); y es sobre esas creencias que construimos nuestra realidad.

Una razón suficiente para mantener la filosofía en terceros y cuartos medios es entrenar a los estudiantes para que sean capaces de detenerse y analizar no sólo las ideas que defienden (o vituperan), sino también de identificar las creencias sobre las cuales “están” ellos y los demás. La filosofía, más que entrega de contenidos históricos, es un método para desenrollar nudos conceptuales y poner claridad donde ésta falta. No por nada fue considerada por siglos como la madre de todas las ciencias—los primeros auxilios del pensar, indispensable ingrediente de cualquier reforma educacional que se precie de tal.

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2 comentarios en “Los primeros auxilios del pensar

  1. Mi experiencia con el ramo en el liceo no fue de excelencia. Sin embargo, mi opinión es que este curso puede aportar bastante en la formación personal, con un profesor que sepa direccionar la clase y lograr alguna competencia de la clase, por ejemplo, argumentar y redargüir puntos de vista. Creo fundamental estudiar sobre los pensadores, al menos algo de Sócrates, Aristóteles, Platón o Descartes, por mencionar algunos. En estos tiempos donde criticar algo es tomado casi como una falta de respeto, y quien lo hace es visto como irreverente o polémico, enseñar a través de la filosofía puede ayudar a formar un carácter mucho más crítico y racional de las futuras generaciones. De esta forma se aterrizarían deseos tales como “Educación Gratis” para todos, a planes bien estructurados que se transformen en realidades que impacten significativamente en la Educación de Chile.

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