Ley de aborto, pro-vidas y pro-fetos

Tras años de encontrones, ires y venires, la Cámara de Diputados aprobó el pasado jueves 17 de marzo el proyecto de ley que despenaliza el aborto bajo tres causales: violación, riesgo de la madre e inviabilidad del feto. Ahora está en manos del Senado decidir sobre el proyecto e, indirectamente con ello, revelarnos a los chilenos y chilenas si la hipocresía de la mayoría de nuestros legisladores se detiene en el pago de sus campañas o se extiende hasta el punto de desconocer la autonomía y capacidad de libre determinación de sus legislados y legisladas.
En alguna columna anterior me referí a los malos argumentos a favor y en contra de la despenalización del aborto, y no los repetiré aquí. El debate que tuvo lugar el jueves en la Cámara daría para otro suculento análisis de falacias. Entre ellas: ad baculum (el UDI Ignacio Urrutia deseándoles el infierno a los que osaran votar a favor); non sequitur (el UDI Gustavo Hasbún lamentando el fin de la Teletón si se llega a aprobar la ley), petitio principii (el UDI José Antonio Kast estipulando sin más que las mujeres no tenemos derecho sobre nuestro cuerpo), y ad hominem (el PPD Ramón Farías descalificando a Kast no por su mal argumento puro y simple, sino por no haber sacado la voz contra las violaciones a los derechos humanos en dictadura). Las redes sociales ya han dicho bastante sobre estas “iluminadas” intervenciones, así que tampoco me detendré en ellas.
Como partidaria de que esta ley se apruebe, me gustaría hacer un par de reflexiones sobre la manera en que se intenta distorsionar su objetivo, y sobre ciertas implicaciones que los autodenominados “pro-vida” deberían aceptar si quieren mantener su etiqueta.
En cuanto a lo primero, molesta sobremanera cuando se busca presentar el aborto como si se tratara de una fiesta. Es evidente que quienes sugieren que abortar será el nuevo panorama de fin de semana no se han hecho nunca un raspaje: despenalizar el aborto no es celebrarlo, sino intentar que un estado de cosas ya bastante malo no sea aún peor. El objetivo de esta ley mínima es hacer menos traumática una situación para mujeres cuyo bienestar básico está en juego; es respetar la libertad de acción a quienes están en un difícil trance. Ésta es una ley de aborto, por lo demás, tímida: ni siquiera hemos entrado a debatir los dogmas de que se es “persona” desde el momento de la concepción, y de que toda vida humana es sagrada (dogma éste que, llevado a sus límites, lleva a la absurda conclusión de que a las mujeres también debería prohibírsenos la depilación y el peeling, donde mueren miles de células humanas inocentes y potencialmente clonables, como bien señaló una vez el filósofo australiano Peter Singer).
En cuanto a los “pro-vida”, creo que éstos deberían re-etiquetarse como “pro-fetos” (que no es lo mismo que “profetas”). Obsesionados por mantener al feto vivo, quienes se oponen al aborto en todas sus variantes olvidan que el trabajo de la madre no son sólo las 40 semanas de embarazo, sino la crianza de punta a cabo de un nuevo ser humano. Y de esa “vida” suelen olvidarse. Claro está, dirán que siempre está abierta la posibilidad de dar en adopción, pero a la hora de la verdad son cientos de niños los que esperan en fríos centros de atención de menores – a veces para siempre – la posibilidad de tener el amor de una familia. Por eso, y he aquí mi sugerencia, si quieren de verdad ser consecuentes y mantener su nombre, quienes se ponen esta camiseta deberían estar dispuestos a acoger estas vidas nuevas en su propio seno – literalmente. Si tanto les preocupan los fetos, pues que anuncien que adoptarán a las guaguas que los siguen lógicamente mostrándonos así su respeto por la “vida”. Negarse sería hipocresía, si no maldad, y dudo que quieran ser acusados de lo uno o de lo otro.
Que quede claro, en todo caso, que no me parece que ésa sea la solución más deseable. En lugar de hacernos con una hueste de niños no deseados adoptados por nuestros congresistas, lo que deberíamos aspirar es a un Chile donde se reconozca la autonomía para decidir de las mujeres al menos en casos tan extremos como aquellos en los cuales se busca despenalizar el aborto hoy.

Esta columna también puede leerse en El Magallanes

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s