Las Becas Chile y el “efecto Jemmy Button”

button y fitzroy

Jemmy Button fue un joven yagán que el capitán Robert Fitz-Roy llevó desde Tierra del Fuego a Londres en 1831, junto a otros tres de su pueblo, con el fin de que sirvieran de intérpretes y crearan una buena disposición entre los suyos hacia los ingleses. El muy cristiano capitán del famoso Beagle se esmeró en evangelizar a los cuatro nativos y en educarlos en las maneras del Imperio Británico, con la esperanza de que difundieran estos conocimientos a su regreso a la terra australis al año siguiente (viaje en el cual lo acompañó el joven naturalista Charles Darwin). De los cuatro, sin embargo, sólo volvió Jemmy. Años más tarde se dijo que éste había liderado una matanza de misioneros ingleses en la Bahía Wulaia, en Isla Navarino, como venganza por lo que sus compatriotas le habían obligado a vivir. Aunque en la investigación que siguió a la masacre Jemmy negó toda participación en los hechos, la leyenda caló hondo en la memoria patagónica: no había derecho a mostrarle a alguien un mundo de refinamiento para luego devolverlo a la mera subsistencia, luchando cada día para cubrir las necesidades mínimas.

No puedo evitar recordar a Jemmy cuando pienso en las decenas de doctorados chilenos que con título fresco en mano, pero no necesariamente con destino laboral seguro, se ven obligados a volver a Chile a residir por un tiempo determinado, según lo estipula el contrato de las Becas Chile. Existen, claro está, importantes diferencias entre ambos casos. Al contrario de Jemmy, a los flamantes doctorados chilenos sus padres no los cambiaron por un botón de madre perla para llevaŕselos a estudiar al extranjero. Su decisión fue libre e informada. No los mandaron obligados a Londres, sino que eligieron ellos donde estudiar. Y leyeron las bases, donde se dejaba claro desde un comienzo que volver al país tras obtener el grado académico era requisito indispensable. ¿A qué viene la comparación, entonces?

Aunque para las personas ajenas al mundo académico gastarse cuatro años de la vida escribiendo una tesis de críptico título y aún más críptico contenido puede parecer una pérdida de tiempo y recursos, quienes han vivido ese proceso en general coinciden en que marca un antes y después en la vida – tanto como un divorcio, una muerte cercana o el nacimiento de un hijo. Quienes sacan adelante un doctorado en la gran mayoría de los casos aman su disciplina y quieren seguir en ella. Después del esfuerzo sostenido de crear un proyecto coherente, buscan construir sobre lo aprendido y no desechar la infinidad de conocimiento y experiencia acumulados en el camino. Con el título fresco en mano, lo que más se quiere es encontrar un ambiente receptivo y estimulante donde entregar todo aquello y seguir profundizando en la materia escogida. El problema, en el caso particular de nuestra nueva horneada de doctorados de Becas Chile, es que muchas veces lo que se encuentra de vuelta en el país no es aquel lugar donde consolidar lo aprendido y construido, sino una recepción fría y hasta inhóspita – como la que esperaba a Jemmy de vuelta en los canales australes. Tal como Jemmy, que debe haber añorado el té con escones y crema en un mundo culinario donde no había más que cholgas crudas y pan del indio, muchos doctorados añorarán infraestructuras, accesos a bibliografías y ethos departamentales que aquí simplemente no se encuentran. Tal como Jemmy, cuyo entrenamiento intensivo en idioma inglés se vio súbitamente coartado, muchos doctorados temerán que sus propios entrenamientos específicos también caigan a un saco roto. Tal como Jemmy, que solo de regreso en Tierra del Fuego experimentó la frustración de conocer otro mundo y no poder compartir sus vivencias con sus pares, muchos Ph.D. de regreso hoy se preguntan si serán capaces de transmitir lo aprendido o si se quedarán clamando a solas en el desierto.

Atentos a esta realidad, en Conicyt han diseñado instrumentos – como el Postdoctorado Retorno – que esperan evitar precisamente este “efecto Jemmy Button”. No se puede dejar al becario de regreso en la desolada orilla y esperar que solo inicie sus labores civilizatorias, como pretendió Fitz-Roy que Jemmy hiciera. Y con más razón hay que ayudarlo a reinsertarse si lo que trae entre manos es nuevo para la cultura académica del país: Jemmy no pudo enseñarle a su gente a tomar té no porque no quisiera, sino simplemente porque en los canales fueguinos no había ni infusión, ni tazas ni teteras.

Considerando la inversión de miles de dólares que hace el Estado en cada uno de quienes hemos sido favorecidos por esta beca, y considerando que en los años que vienen seguirán llegando nuevas hornadas de Capital Humano Avanzado (87 personas se graduaron en 2013, y 136 en 2014), me parece de suma urgencia pensar en una buena política para absorber a estos nuevos profesionales y realmente aprovechar sus capacidades – cual es, en último término, el objetivo de este programa. Sugiero securitización y flexibilización.

Primero, dar algún tipo de seguridad dentro del contrato de que el becario tendrá un lugar donde trabajar a su regreso. Si bien los programas de inserción en la academia y en la industria de Conicyt son un paso en este sentido, sería bueno contar con información más concreta desde el momento mismo de la postulación. Por ejemplo, saber que tal universidad requiere formar tal programa de estudios y que el postulante sería la persona ideal para cumplir dicho rol una vez completado su grado. De hecho, la mayoría de los programas de becas de este tipo en otros países funcionan así, con los recién graduados volviendo a trabajar al alero de instituciones estatales.

Segundo – y esto es especialmente relevante si no se hace lo primero –, flexibilizar el pago de la beca. Hoy (lo digo con conocimiento de causa), se exige a los doctorados que vuelvan a residir a Chile a como dé lugar, aunque sea en calidad de cesantes, e incluso dejando ofertas de trabajo en el extranjero aunque no se tenga nada seguro aquí. La razón de este requisito es la temida fuga de cerebros al exterior, es decir, que el Estado invierta en individuos que no retribuirán ni en dinero ni en especies porque se quedarán desarrollando sus carreras afuera. Sin quererlo, sin embargo, esta obligación de volver a lo que venga puede terminar generando una fuga de cerebros ‘doméstica’: al no encontrar lugar en universidades ni otros centros de investigación públicos, una opción tentadora para los recién llegados (y lo digo otra vez con conocimiento de causa) es convertirse en profesores en los colegios de élite de la capital… contribuyendo así a aumentar, en lugar de disminuir, la desigualdad en nuestro sistema educativo. En lugar de exigir un regreso con plazo y tiempos definidos, flexibilizar el pago de la beca podría contemplar dejar que quienes no encuentran un lugar de trabajo en Chile inmediatamente regresen por períodos más acotados a realizar seminarios o cursos intensivos en su especialidad, por ejemplo. O que, desde donde se encuentren, colaboren en la formación de vínculos académicos entre sus instituciones y las instituciones chilenas. Hoy el mundo académico se encuentra suficientemente globalizado como para permitir soluciones de este tipo. En último término, también debería darse a los becados la opción de restituir el monto total de la beca si ven con toda honestidad que su futuro profesional está más allá de las fronteras, y sin que esto signifique convertirse en enemigo a perpetuidad de Conicyt (como es hoy el caso).

Dicho esto, espero que quede claro al lector que el propósito de esta columna no es criticar la iniciativa de Becas Chile (¿cómo podría hacerlo, habiendo sido una de sus beneficiarias?), sino apuntar a necesarios ajustes que mejorarían su efectividad y permitirían cumplir aún más cabalmente con el designio para el cual fueron creadas. Es crueldad acostumbrar al mejor Earl Grey para luego condenarlo a tomar agua fría de por vida. Es crueldad también dejarle a alguien desarrollar sus capacidades tanto como pueda para luego coartar bruscamente ese proceso. Evitar el “efecto Jemmy Button”, en el caso de Becas Chile, significa crear las condiciones para que aquellos que quieren desarrollar estas capacidades puedan seguir haciéndolo… para beneficio de todos.

Esta columna también puede leerse en El Mostrador

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19 comentarios en “Las Becas Chile y el “efecto Jemmy Button”

  1. Hola de nuevo, sigo pensando que la analogía no corresponde y descontextualiza históricamente las realidades de nuestros pueblos indígenas. Conozco la realidad de los becarios. Yo mismo llevo viviendo y estudiando en el extranjero casi 6 años y sé que no hay nada en Chile esperándome cuando vuelva. Pero también sé que lo que aprendí acá pasa más por saber quién soy yo, apreciar mis orígenes por haber vivido fuera, que no quiero importar “refinamiento”, que prefiero el agua fría y cristalina del sur a la taza caliente de té, y, conocer como funciona el mundo occidental para no repetir los mismos errores que reproducen las injusticias en nuestro país. Eso mucho más que la mera formación de capital humano avanzado. Ojo que no estoy criticando, ni a becasChile ni el punto central de la columna, solo intento explicar porqué me incomoda tanto que la analogía sea con la historia de Jimmy Button, quien bajo mi perspectiva, no disfrutó su viaje a pesar de lo aprendido. ¿Que más se podría esperar cuando te extirpan de tu hogar junto con 3 compañeros (que mueren en el viaje y europa) y te obligan a usar ropas y costumbres por la fuerza?

  2. La comparación es mala, innecesaria y eurocentrista. Asume supuestos sobre el funcionamiento psicológico de Jemmy Button (su sufrimiento al volver) y que todo lo que le pasó en Europa fue “mejor” que lo que vivió acá, lo que no tiene sustento en la Historia: a Jemmy Button incluso le ofrecieron volver a Inglaterra, pero lo rechazó.
    Es crueldad asumir tanto y hacer comparaciones deficientes.

    • Respecto a tu comentario y varios otros: qué manera de haber gente odiosa y mala onda para comentar una columna. Uno puede estar muy en desacuerdo, pero hay formas y formas de decirlo. Lo más lamentable es que la mayoría de las personas que comenta, de seguro es gente que hace o hizo posgrados (y por algo llegaron a comentar este post).
      Apostaría a que si tuviesen que dar su opinión de cara al autor, lo harían de forma muy distinta, hasta sonriendo cínicamente y diciendo que les pareció genial, cual típico chileno.

      • Gracias por el apoyo, Vicente, gracias que extiendo a otros lectores que también supieron ver para dónde iban los dardos de la columna. Sería interesante, en efecto, poder tener esta discusión cara a cara, ya que hay mucha información que obviamente hay que dejar de lado en aras de la brevedad. Una cosa que no dije y que ahora puedo agregar, por ejemplo, es que eso de que los becados seríamos supuestamente unos pasivos receptores de la plata del Estado y poco menos que unos cleptoparásitos del Fisco es súper injusto. Nadie puede vivir afuera sólo con la plata que da la beca (unos 1200 dólares), lo que también debería decirse en el contrato: a menos que se cuente con fondos propios, es una necesidad trabajar (y trabajar bastante) para juntar el dinero necesario para vivir. Ni qué decir de quienes se van con la familia…

  3. Hola,
    Totalmente de acuerdo en lo que debería mejorar BecasChile, que de beca según yo, no tiene de mucho dado que al volver te obligan a trabajar por un tiempo determinado (en mi caso 2 años), sin ayudarte a encontrar trabajo, y bajo la constante amenaza del pagaré que hacen firmar por todos los gastos que incurrieron con uno. Es como si uno fuera parte de un experimento y después te tiran en medio de la nada y te dicen “sobrevive”, como si fuera los juegos del hambre, más que la historia de Jemmy Button, que se fue obligado y volvió a su entorno.
    Yo tuve la beca de inglés para pedagogía, y más que ayudarme, me perjudicó porque al tener un semestre en el extranjero deberían pagar un sueldo un poco más alto y simplemente todo quedaba en el ‘te llamamos’ pero contrataban al que llegaba después. Al final los que encontraron trabajo fueron los que no viajaron y los que lo hicimos pasamos el doble de tiempo buscando un trabajo que ni siquiera era estable.
    Para mi el sistema funciona pésimo, es como si lo hicieran para figurar, para decir ‘Miren países desarrollados, preparamos gente en sus países, inviertan en nosotros’ pero en realidad es pura pantalla por lo mismo que tu dices, que te obligan a quedarte, pero no te ayudan en nada. Yo al final trabajé dos años como profesora (que probablemente ni siquiera sirvan para la retribución) y me aburrí de los contactos, de los pitutos y de ver gente inepta a la cabeza, ahora trabajo en una oficina, tranquila, y no me arrepiento.

  4. Estimada Alejandra:

    Lo que te escribo si bien te sonará duro, esta escrito con respeto por tu postura pero quiero hacerte algunos alcances (como una Chilena nacida, criada y educada en el extranjero en un pais donde todo es eficiente, efectivo, funcional y “perfecto”).

    A los becados se los envia a estudiar para que sean lideres en el cambio del pais, no para que sean receptores pasivos. Se los forma y se les da la oportunidad de acceder a estudios muy por encima de lo que puede tener el grueso de los compatriotas (que dicho de paso con suerte pueden acceder a educacion básica adecuada) para que a la vuelta al pais puedan liderar e impulsar cambios, transformar la investigacion y aportar. Entiendo perfectamente que el mundo con que uno se encuentra es menos comodo y que la realidad de Chile es lejos de lo que viviste como estudiante de doctorado, pero eso es justamente lo que estas llamada a cambiar. TU tienes que liderar y tomar la batuta respecto de lo que se requiere para generar las condiciones de investigacion. Tu tienes que argumentar por la importancia de tu tema, tu tienes que tener la pasion y el fuego interior por tu tema como para crear las condiciones. Eso es lo que se espera de ti.

    No vale que te pongas comoda a la vuelta y digas ‘esta todo mal, no tengo condiciones’ sino que sepas generarte las condiciones, sepas hacer la busqueda y aperrar con tus conocimientos.

    Y si: Cuando el pais manda personas al extranjero a estudiar con los fondos de todos hay un costo-oportunidad significativo. Se hace para que tu patria se desarrolle, no solo para tu te desarrolles en lo personal, porque en ese caso la inversión sería poco productiva y se podría lograr lo mismo para mas personas haciendo la inversion aqui en Chile. Por lo mismo cuando tu ya hiciste el estudio no es suficiente que tu digas: lo pago en cuotas etc porque ahora veo otra oportunidad, porque ya como país perdimos en ese periodo la oportunidad de dedicar esos fondos a otro uso publico.

    Lo que creo que se debe evaluar más al otorgar las becas es si los becados tienen el locus interno suficiente para entender que estan llamados a ser protagonistas activos, para que a la vuelta realmente entiendan que es SU deber insertarse, aportar con su conocimiento, generar condiciones para que su conocimiento tome sentido en Chile, y que no necesariamente eso es un un contexto estrictamente academico, universitario y de investigacion.

    No quiero decir que no deba apoyarse mas a los becados en su retorno pero siento que tu no has entendido cual es el rol activo y aportador que se espera de ti tambien. Recibir fondos publicos durante 4 años en un pais en que hay tantos otros usos del dinero fiscal no es poco. Tu tienes un altisimo nivel de educacion, has recibido un aporte grande, tienes experiencia extranjera y chilena y igual sientes que tienen que ayudarte mas, porque no puedes sola? No te parece un poco extraño tu pedido teniendo tu tantos recursos personales?

    No voy a tocar el desafortunadisimo uso que hiciste de la historia de los indigenas secuestrados en calidad de muestras de especimienes antropologicos por los ingleses. Creo que en retrospectiva sabrás entender que es una banalizacion burda de una situacion de violacion de su dignidad horrorosa.

    • Estimada Agnete, gracias por sus comentarios. En la columna no quise ponerme a contar mi propia historia, porque no lo creía necesario, pero veo que para responder a alusiones personales deberé recurrir a mi experiencia personal. Desde que estaba terminando mi doctorado en Australia comencé a postular a trabajos en Chile. En total, fueron 4 postulaciones, sin éxito. En el intertanto opté a un postdoc en Noruega y lo gané. Cuando se cumplió mi plazo, tuve que volver a Chile con familia a cuestas y aún sin futuro laboral claro. Tuve la suerte de que Conicyt abrió el concurso postdoc retorno y me lo gané, lo que significa que por los próximos dos años podré seguir trabajando en un tema que me parece de suma relevancia para nuestro país: los fundamentos normativos de los derechos territoriales en general, pero también específicamente en la Antártica. Esto lo haré en región y no en Santiago, porque me parece que es parte de creerse el cuento de Conicyt y tomárselo en serio. No me parece haber sido una “receptora pasiva” ni tampoco estuve esperando que me vinieran a ofrecer trabajo a domicilio. Si escribí esta columna, sin embargo, es porque conozco gente con historias similares y no tanta buena suerte. Y eso de empezar TU a hacer las cosas, y TU a marcar la diferencia es muy bonito decirlo, pero dificil practicarlo cuando para hacerlo se necesita una infraestructura determinada (no es mi caso, pero sí el de expertos en ciencias duras y especializadas, por ejemplo). En fin, creo que las becas Chile son perfeccionables y que pueden aprovechar mejor la inversión del dinero fiscal al final del camino.

  5. No puedo estar mas en desacuerdo con la analogía, es casi ofensiva. Con quien? Con los cientos de doctorados de Universidades chilenas (que son varias veces mas que los Becas Chile).

    Yo entiendo que en su fuero interno la autora se sienta “infinitamente” superior a un doctorado en una Universidad Chilena, pero lamentablemente un Estado no puede hacerse cargo de esa “desigualdad.”

    Me molesta profundamente esa imagen que tiene de los doctorandos y doctorados como personas especiales a los que se debe guiar, casi desde la cuna, hasta un trabajo seguro, todo financiado y gestionado por el Estado. Me pregunto, que otro ciudadano tiene ese privilegio? No será mucho lucho?

    Espero que con mas años de experiencia, se de cuenta que un doctorado es un cartón mas, y que no te hace mas ni mejor que nadie.

    Yo saqué mi doctorado acá en Chile, y al igual que cualquier doctorado de Becas Chile, me las he tenido que arreglar solo para seguir haciendo lo que me gusta, investigar. Ahora, 3 años después de terminar mi doctorado, con mas de 10 publicaciones ISI, una empresa y una fundación, me las arreglo de lo mas bien.

    Sin embargo, nada evitó que pasara 6 meses sin ingresos cuando terminé el doctorado y lo pasé mal, muy mal. Pero así es la vida!

    Y la autora debería saber que se puede conseguir el mas fino Earl Grey acá en Santiago.

    • Respecto a la diferencia que supuestamente hace la columna entre becas nacionales y en el extranjero, ésta simplemente no está, porque no es el punto. Y en cuanto al dato del Earl Grey, qué pena que sea en Santiago, porque estoy a dos mil kilómetros al sur, efectivamente viviendo el discurso de la descentralización.

  6. Más allá de la comparación con Jemmy Button, creo que la columna carece de objetividad y refleja una inmadurez enorme de parte de los “doctores”. No digo que Becas Chile sea perfecto ni mucho menos, pero sin duda representa una oportunidad enorme para el crecimiento de capital humano en Chile. Uno de los grandes problemas es que mucha gente se va a estudiar directo al salir de la Universidad, sin tener experiencia laboral real. Soy Ingeniero Civil Quimico y me “gané” la Beca Chile al salir de la Universidad para hacer un doctorado en el extranjero (en ese momento pensaba ir a estudiar a Alemania o Austria en temas relacionados con Biocombustibles). Luego de mucho análisis y conversaciones con amigos que ya estaban estudiando y también cercanos de mayor experiencia; decidí no tomar la Beca (no fue una decision fácil). Luego de aquel episodio trabajé por cuatro años en la industria minera y actualmente estoy en Manchester (Inglaterra) estudiando un Master (sin beca) enfocado en economía de países en desarrollo. Mi cambio rotundo de planes obedece a varios años de madurez y conocimiento adquirido en el tiempo, lo que me hizo entender donde podría hacer la diferencia en Chile; donde puedo integrar temas continentes de la industria minera con las vías de desarrollo que requiere nuestro país.
    Sé que corro el riesgo de no trabajar inmediatamente en este tema al regresar a Chile, pero eso no me molesta; ya que considero el aprendizaje va a más allá de conocimiento especifico y considero volveré con nuevas herramientas que seguiré usando en mi vida personal y laboral (cual sea).
    Lo que quería reflejar con mi historia es que Conicyt falló al otorgarme la Beca, no por mi aptitudes técnicas, sino porque el proceso es incapaz de medir la madurez y objetivos personales de cada postulante (por favor nadie puede negar que un gran gatillante para tomar una Beca es la oportunidad de vivir en el extranjero “gratuitamente”). Por suerte pude darme cuenta y actualmente estoy muy feliz en lo que estoy haciendo y tengo confianza en que si no logro desempeñarme en Chile en lo que quiera justo al volver, quizás pueda hacerlo en los próximos cinco años. Sin embargo estoy abierto a alternativas, ya que conozco el mercado laboral al que vuelvo.

    Nadie por haber hecho un posgrado en el extranjero tiene trabajo garantizado, y el que así lo crea tiene un grave problema de percepción e inmadurez. Obviamente no quiero generalizar y la reinserción laboral es un importante tema a tratar, PERO POR FAVOR CON ARGUMENTOS VALIDOS.

  7. El objetivo es que los doctores vuelvan a Chile para fortalecer e impulsar el sistema de ciencia, tecnología e innovación, tanto en la academia, como la empresa y el sector público. Creo que ese objetivo se diluye cuando Conicyt se convierte meramente en una agencia de financiamiento de proyectos, donde la ejecución es más importante que la estrategia (en esto último no hay un organismo que llene ese espacio en Chile). Hay una gran cantidad de recursos para entregar becas de doctorado fuera y dentro de Chile. Está muy claro que hay que generar capital humano, pero no está muy claro cómo utilizar ese capital humano a favor de la sociedad. Por eso la retribución que deben entregar los beneficiarios nunca ha sido una discusión muy profunda en Conicyt. Eso confunde a los becarios y al sistema universitario que no están preparados y no saben cómo responder frente a esta gran oportunidad.

  8. Primero que nada la felicito por el problema que plantea, bastante relevante. Sin embargo leer columnas como la suya sobre becas Chile, siempre me dejan un sabor de que al parecer la tesis doctoral realizada en el extranjero es mas importante, mejor, mas relevante o da mayor prestigio que una tesis llevada adelante en el país a través de las becas de capital humano avanzado que otorga Conicyt para doctorados nacionales. Creo que es una diferenciación que de la cual frecuentemente no se es consciente, pero que aparece con mucha frecuencia cuando se hablan estos temas. Creo que es injusto este tratamiento, que descansa la mayor de las veces en un desconocimiento sobre los altos niveles de exigencia de los programa de doctorado nacionales, asi como en una expresión (y tomando como usted un ejemplo colonialista muy americano), de “malinchismo”. Sobre todo cuando la elaboración de una tesis doctoral es un esfuerzo solitario, donde como usted muy bien señala, marca un antes y un después.

    • Nunca pretendí hacer una diferencia entre la calidad de las becas nacionales y en el extranjero, sino que simplemente hablé sobre lo que conozco, que es lo segundo. Imagino que los problemas y desafíos de inserción para quienes terminan su doctorado en Chile serán similares. Dejo a alguien en esa situación que cuente su propia experiencia.

  9. INGRATA. Para pagarse un doctorado lo puedes hacer con estudios de pregrado. Si quieres una beca y no aceptar ovlver a Chile deviste pensarlo ANTES.

  10. Lograr un doctorado no garantiza haber desarrollado las competencias socioemocionales necesarias para insertarse exitosamente en contextos laborales extra-académicos… los organismos excesivamente especializados tienen dificultades para adaptarse

  11. Alejandra, quiero agradecerte por el tiempo que tomaste para escribir esta columna, y de paso decirte que estoy de acuerdo en la mayoría de los puntos que has observado. Es lamentable que muchos de los comentaristas no hayan entendido el real trasfondo de tu nota. Entiendo que no fue soberbia de tu parte polarizar doctorantes en formación en el extranjero o aquellos en Chile, fue una vía para hacer ver que la institucionalidad y la gobernanza de nuestro país están fallando. De eso estoy totalmente de acuerdo. Sumado a los descaros de políticos, que hoy en día si se mofan de los chilenos y realmente acceden a privilegios que la población ni en sueños accederá (un doctorado no es un privilegio adquirido como menciono alguien, es un resultado muchas veces de esmero), se suma la burguesía que aun domina la académica en Chile. Muchos de los doctorantes tienen como objetivo la academia, lamentablemente su acceso se restringirá debido a los poderes tácitos de conglomerados de doctorados/profesores/investigadores que no darán cabida suficiente a los que están inmigrando. Tu comentario no se trata de ofensas al pueblo indigna, se trata de que las prioridades de nuestros líderes no están los fundamentos de una país que busca el desarrollo por medio del conocimiento, ya sea entregado por un doctor formado en Chile o donde sea.

  12. Después de leer varios comentarios que no entiendo a qué vienen, conociendo muy de cerca el tema de discusión (soy becaria), no puedo estar más de acuerdo con tus planteamientos Alejandra.
    Agradezco los hayas compartido (pareciera ser que hoy en día hay que poner bien en la balanza cualquier debate antes de hacerlo público,… la opinión pública tiende a concentrarse en críticas que trascienden el fondo de las discusiones reales…) y refuerzo lo que planteas respecto de Becas Chile, es algo sobre lo cual llevo reflexionando desde que postulé a la beca y que he seguido discutiendo conmigo y con otros (becarios y no, chilenos y no). Pienso que la mayoría de los becarios tienen la intensión de volver al país a colaborar con sus conocimientos para intentar que Chile vaya por un mejor camino, ese no es el punto de discusión…tampoco la comparación con Button, ni si se trata de estudiantes que se han quedado en Chile o han decidido conocer otras realidades porque han pensado que en la diversidad de conocimientos y experiencias también se da un valor agregado al capital cultural y humano…
    El tema es cómo se plantea uno de los principales fondos nacionales para estos fines, si como política educativa a largo plazo, de investigación y desarrollo, o bien como un proyecto que no acaba de cuadrar… porque integra ciertos criterios que para mi gusto responden más a un crédito (y sino corres el riesgo de sufrir una inquisición económica), o porque no considera estas opciones de reinserción/ reinversión de los conocimientos. Y en esto coincido con las alternativas que mencionas, como vías posibles y adecuadas…en las que se podrían beneficiar tanto los de dentro como los de fuera..(ya que tanto nos gustan las categorías). La falta de diálogo entre los agentes queda demostrada una vez más al igual que los enfoques cortoplazistas que caracterizan las decisiones país.

    • (…me he percatado de terribles faltas de ortografía en mi texto, producto de mi comentario apresurado. Como no puedo editarlo, dejo las correcciones:
      “cortoplazistas–> cortoplacistas
      intensión –> intención
      y sino corres–> y si no, corres” )..gracias 🙂

  13. Estimada Alejandra, no pude resistir la tentacion de responder tu columna, a la que por cierto llegué a través de El Mostrador. Primero que todo, entiendo perfectamente como te sientes. Es muy cierto que las realidades pueden ser muy disimiles de un pais a otro, así como otros aspectos de la contingencia nacional que a varios nos tienen sumidos en una profunda decepcion y “crispacion” , que a estas alturas no vale la pena ahondar…

    Creo que el comentario de Agnete Thomsen ha dado en el clavo! Este programa se hizo de cierta forma para preparar gente que lideren cambios. Chile los necesita urgentemente y éstos solo pueden ser llevados a cabo por personas que cuenten con un cierto bagaje cultural, social y politico, y mejor aún educacional. Yo tambien soy ex-becario de este sistema (y lo digo con orgullo) y creo sinceramente (hablo por mi experiencia vivida) que el gran aprendizaje de vivir en el extranjero, va más allá de aprender o resolver intrincadas y fascinantes teorias cientificas, sino que apunta tambien a aprender a convivir y adaptarse en un sistema social-cultural de vida distinto. Cuando estaba afuera siempre me preguntaba y trataba de discernir que elementos de dichas culturas o sociedades pueden ser replicables en nuestro país, que elementos fracasaron allá y porqué, porque nosotros seguimos entrampados en aspectos que aparentemente esos paises ya resolvieron hace un buen tiempo, etc, etc. A mi modo de ver, todos esos temas tambien son parte del aprendizaje en el extranjero y que creo son relevantes en la vida de un becario.

    Quizás cuando estuviste afuera te sorprendias y maravillabas por la limpieza de sus calles, por lo organizado de su arquitectura, porque nunca te faltaba un buen panorama el fin de semana, por lo cosmopolita de sus grandes urbes y de aspectos más cotidianos tan simples y normales (para ellos) como que el bus pase a la hora y esté limpio y calefaccionado, por la amabilidad de la gente y de su extrema puntualidad y proifesionalismo, etc etc. Bueno a mi tambien me sorprendió y gustó mucho todo eso, para que voy a mentirte y por Dios que me gustaría que las cosas funcionaran igual acá. Pero, bueno sería super hipocrita de nuestra parte no reconocer que nuestro país siempre ha estado carente de todas estas cosas y muchas más, que sin duda contribuirían enormemente a nuestro bienestar y calidad de vida. De seguro varios se han preguntado, ¿porque eso aca en Chile no existe o no resulta? Bueno, ahi es donde se espera el sentido agudo y la habilidad de un ex-becario, para escarbar estos problemas.

    Desde que llegué a Chile hace un par de años, me he dado cuenta que uno tiene que ser medio patudo en todo esto, tiene que ir a buscar oportunidades, buscar, buscar y seguir buscando y si eso no funciona, seguir buscando e “hinchando”. En eso Alejandra no hay vuelta que darle, se requiere mucho amor propio y voluntad. Lamentablemente, siempre va a haber gente que por querer apernarse en sus pequeños “feudos” van a cerrar puertas, por egoismo, otros por ignorancia y otros simplemente por miedo. Sin embargo, esas no pueden ser barreras excluyentes que condicionen el futuro de un becario en nuestro país, por ningun motivo!

    Al igual que tu, cuando llegue a Chile tambien tuve una recepcion un tanto “hinospita”, pero siempre tenia en mente que Chile siempre ha sido igual y es una realidad que hay que enfrentar cueste lo que cueste. Los ex-becarios siempre tendrán voz en Chile y si no la hay ahora, entonces hay que hacerse escuchar aunque eso signifique golpear la mesa, pelear, entrar en discusiones fuertes, etc. Son los resultados a largo plazo los que valen…

    Te mando un fuerte abrazo, ánimo y espero que te siga yendo bien
    Francisco

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