Auto-cuidado

Tras un año y medio viviendo en Oslo, la capital de Noruega, si hay una cosa que no deja de sorprenderme es la cultura de auto-cuidado escandinava, que se presenta como todo un desafío para quienes estamos acostumbrados a las alertas, avisos, letreros de “¡Peligro!” y barreras de contención. La idea de que hay que hacerse responsable por los propios pasos desde que se tiene conciencia está tan enraizada en este país del norte que a los extranjeros al comienzo nos cuesta entenderlo… tanto que muchos debemos pegarnos un par de porrazos antes de internalizarlo.

La escuela del auto-cuidado (para horror de quienes hemos sido educados a la usanza latina-mediterránea) se inicia en el mismo barnehage o jardín infantil, que aquí parte desde el año (o sea, incluye la sala cuna). Como está rodeada de bosque, muchos de los jardines infantiles en Oslo quedan literalmente en medio de la naturaleza, y quienes los administran no se preocupan mucho de hacer que ésta sea menos dura con sus pequeños clientes. A la vuelta de donde vivo, por ejemplo, hay un miljobarnehage, que significa que todas las actividades se desarrollan puertas afuera – en invierno, verano, otoño y primavera, llueva, truene o relampaguee. Pues bien, en el gran patio que es este jardín hay una formación de rocas de unos dos metros de alto, y a la transeúnte que aquí escribe le toca ver todos los días niños jugando al borde del precipicio o trepándose a él como si tal cosa. Lo que en cualquier otro país estaría cercado y señalizado como prohibido aquí es parte de lo cotidiano. La teoría es que hay que aprender desde niño a darse porrazos y a caer, y hay que saber levantarse. Cómo regular la intensidad del porrazo es el talento secreto que aún no logro descubrir: se ven niños parchados y enyesados, sí, pero al parecer los accidentes nunca son tan serios como para cambiar de política.

Lo mismo vale para los paseos, urbanos o no. Existe, por ejemplo, una popular caminata que sigue a lo largo del río que divide la ciudad. Hay partes donde éste cae torrentosamente y, especialmente después de la lluvia, el caudal es para respetarlo. Mientras en otros lares se habrían ocupado de cerrar y poner letreros alertando a caminantes despistados, aquí el sendero corre en partes literalmente junto al agua, sin vallas de por medio. Un día le pregunté curiosa a una amiga noruega que cómo lo hacía una madre paseando a su guagua en coche si, por mala suerte, se le resbalaba éste al torrente. La respuesta no fue que eso nunca pasa, sino al contrario: me contestó muy suelta de cuerpo que a su mejor amiga le había pasado exactamente eso, pero que no pasó a mayores, ¡porque el coche se enredó entre unos troncos un par de metros río abajo! (Es de suponer que el pequeño tripulante a bordo al menos iba con cinturón de seguridad.)

En el bosque, en tanto, sorprende cómo en invierno los esquiadores cruzan tranquilos por el medio de grandes lagos que suponen congelados. Por ninguna parte se ven avisos de “Seguro cruzar” o “Hielo quebradizo”, pero los noruegos saben. Saben dónde meterse y dónde no. Y se sorprenden cuando ven a una afuerina al borde del hielo cavilando a ver si se lanza o no a la aventura.

Los ejemplos podrían seguir: miradores al borde de acantilados sin barreras ni avisos que entorpezcan la estética; niños sin casco lanzándose en trineo a toda velocidad por la pendiente; peatones que surcan las calles congeladas como bailarines por las pistas, a pesar de lo resbaloso. Por mi parte, creo que un solo letrero valdría la pena poner y éste estaría en el aeropuerto dando la bienvenida: “¡Cuidado que aquí no hay letreros advirtiendo cuidado… excepto éste.”

Anuncios

2 comentarios en “Auto-cuidado

  1. El término de autocuidado, en su sentido real, no se refiere a que nos cuidemos, literalmente, de sacarnos la mugre, como aparece aquí. El término en realidad, se refiere a adoptar conductas relativas a mantener el bienestar de nuestra propia vida y nuestro propio futuro considerando aquellos factores sociales y psicológicos que pueden afectarnos, no meramente los físicos, que son obvios. Lo que no es obvio es que si comemos mugres nos podemos enfermar, lo que no es obvio es que si trabajamos 20 horas seguidas, también podemos ponernos mal. Ëste es el sentido real del autocuidado.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s