Activismo animalista: ¿una nueva religión?

En su Estudio Científico de la Religión (1970), M. Yinger propone que muchos sistemas de creencias contemporáneos, sin tener Dios ni santos a quienes prender velas, funcionan sin embargo como las religiones tradicionales y cumplen, como éstas, el mismo rol dador de sentido. Una religión funcional, de acuerdo con Yinger, se define por cinco categorías. Primero hay conversión, es decir, el individuo puede dividir su vida en un antes y un después de haber tenido “la revelación” gracias a la cual el mundo para él cambió para siempre. Segundo, comunidad: una vez convertido, el individuo tiende a sumarse a otros como él y reafirmar así sus convicciones, dejando atrás (o al lado) a sus antiguos amigos y familia. Tercero, las religiones funcionales constan de un sistema completo de creencias más o menos consistentes. Cuarto, existe un código de conducta acorde a esas creencias, y quienes se salen del código se sienten culpables pecadores – aún cuando no crean que esos pecados se paguen en un infierno extraterrenal. Quinto, hay un culto formado por símbolos y rituales compartidos, que les sirven a los miembros para diferenciarse de otros grupos.

Siguiendo esta tipología, W. Jamison, C. Wenk y J. Parker plantean en un provocador ensayo que el activismo animalista (esto es, la defensa de los derechos de los animales no humanos), cumple con todas las categorías de las religiones funcionales y debe, por tanto, considerarse como tal.

Tras extensas entrevistas con vegetarianxs y veganxs militantes de Estados Unidos y Suiza, los autores concluyeron que en todxs ellxs había conversión (cuando se atragantaron en la mitad del sandwich de jamón y se dieron cuenta del mal que hacían, por ejemplo); comunidad (la búsqueda de otros como ellos para apoyarse y compartir recetas y tips); credo (que causar sufrimiento animal es malo, que no tenemos derecho a dominio sobre ningún otro animal, etc.); códigos de conducta (usar sólo ropa sintética, declinar las invitaciones a parrilladas); y culto (por ejemplo, a través de la propagación de imágenes de abuso explícito para choquear a las audiencias– como videos de chinchillas desolladas vivas, pollitos triturados, etc.)

Dicho esto, los autores plantean además que el movimiento animal hoy se ve a las puertas de un cisma: por un lado, están los “bienestaristas”, más ecuménicos, abiertos a la política de compromisos y a garantizar al menos un mejor trato a los animales, sin erradicar su uso; por otro, están los más sectarios, que buscan la liberación animal completa. La analogía con los movimientos abolicionistas es inevitable: los bienestaristas se asemejan a quienes abogaban por dar un mejor trato a los esclavos, mientras que los liberacionistas se asemejan a quienes buscaban acabar de raíz con la esclavitud.

Por cierto, si se mira el caso de Chile, existen grupos que parecen calzar en mucho con la descripción de los liberacionistas – recuérdense, por ejemplo, las acciones y declaraciones de Eligeveganismo tras lo occurido en el (mal)criadero de cerdos de Agrosuper en Freirina. Pero, aunque ingenioso, clasificar la preocupación por los animales no humanos como una religión funcional es excesivamente estrecho y peligrosamente exclusionario. Sin pertenecer a grupos (ni ecuménicos ni sectarios), sin hacer penitencia cuando la voluntad flaquea y se incurre en el pecado de la carne, sin ponerse la bandera animalista como la Única Verdad, hay muchos que vivimos en medio del mundo tratando cada día de respetar los derechos de gallinas, atunes y terneros, y asumiendo los costos de esa decisión sin sentirnos mártires, ni iluminados ni superiores. Limitar el veganismo y el vegetarianismo a las cuatro paredes de una iglesia le hace daño al movimiento, a sus partícipes y, sobre todo, a los animales.
Esta columna también puede leerse en Mansaguman y El Magallanes

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2 comentarios en “Activismo animalista: ¿una nueva religión?

  1. Oh sí! apoyemos -por ejemplo- a Coca-Cola, me cambió la vida, un antes y un después (antes tomaba kem piña y valla que era mala en comparación a la increíble e insuperable ‘coca-cola’), realmente una gran revelación el consumir éste preciado manjar de la vida. Y mejor aún! digámosle al resto que también lo consuma! Rindámosle un culto porque claramente es superior a Pepsi (archi-enemigo) y a las otras bebidas!… Yinger, dejas mucho que desear con tus teorías bull-shit.

    Soy Vegano, y sí, soy ateo, no creo en seres fantásticos. Pero si creo en algo, creo en la ética, en el poder de la verdad en base a ella, en las obligaciones morales del hombre y en los estudios empíricos de la ciencia y la tecnología, en la evolución y en como se ve el mundo hoy en día y recapacitar respecto al pasado. Decir que el Veganismo es una religión es tan irrisorio como decir que dios existe. El veganismo es un pensamiento filosófico, no nos basamos en un librito o en algo que haya escrito algún oligofrénico profundo de los siglos no se cuantito para ‘afirmar’ nuestra pensamiento filosófico. Nosotros nos basamos en la ética y en como debería ser y actuar el ser humano ante la ignorancia, la irrelevancia, la inmoralidad, el egoísmo, el antropocentrismo, el individualismo, la anti-empatía y un sin fin de verdades incómodas.

    La ética es la sumatoria de las obligaciones morales del ser humano, dentro de ellas, encajan -obviamente- el respeto a los seres con capacidad de sintiencia, a los seres que -científicamente hablando- tienen conciencia y experiencias de vidas subjetivas al igual que nosotros. Nos basamos en verdades científicas, a diferencia de las religiones -obvio-.

    Realmente no veo cual es la gracia acá, no veo el chiste .. y menos aún veo algún argumento o algo coherente en lo anterior, realmente una concepción bastante pobre, un párrafo bastante ridículo.

    Por último sean más creativos y digan que adoramos a las lechugas o que se yo, suena más entretenido. (te recomiendo que al poner lo de culto y rituales pongas el alabar a una lechuga, le dará más entusiasmo te lo aseguro!)

    Saludos.

    PD: La labor de EligeVeganismo es increíble y loable, si tan solo tu cerebro te diera para analizar más allá, todo sería tan distinto querido amig@.

    PD2: ¿Se podría decir, entonces, que tu eres religios@ puesto que crees en las teorías de Yinger, W. Jamison, C. Wenk y J. Parker?… digo yo porque de seguro al basarte en sus teorías se te vino una revelación de que el veganismo es una ‘religión’, y claro, hizo un antes y un después, ¿no?… -filosoraptor-.

    • Si leyera mis otros artículos sobre veganismo, vegetarianismo y derechos de los animales, estimado lector, comprendería que me juzga mal. Pero no le pido que los lea, porque ya me queda claro que no comulga ni con mis pensamientos ni con mi estilo. Déjeme decirle que lo admiro si la consecuencia que predica la vive también día a día.
      Por mi parte, me conformo por ahora con ser vegetarian@ social y vegan@ privad@, demasiado cautelos@ (o cobarde, si se quiere) para imponerle mi Verdad al resto. Creo que los talibanismos de cualquier tipo, incluido el taliveganismo, se cierran en sí mismos en lugar de abrirse al resto. En cuanto a Eligeveganismo, lamento que no haya quedado claro que apoyo su labor y que haber se arriesgado a mostrar la realidad de los cerdos de Freirina es destacable.
      Por último, usted que es filósofo sabrá bien que la primera tarea del bien pensar es dudar y cuestionar, hasta de lo que se cree más seguro. Cuando se deja de hacer esto último, la filosofía se convierte en dogma. Y de ese peligro no están libres ni veganos ni omnívoros, ni testigos de Jehová ni materialistas históricos.

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