Pasándolo chancho

Tras lo ocurrido en el criadero de cerdos de Agrosuper, en Freirina, si hay algo que me ha llamado la atención es la manera de enfocar el problema por parte de los medios: con el ojo puesto exclusivamente en esa pobre gente que ha tenido que soportar los malos olores por meses y meses, y una nula atención a las verdaderas víctimas del caso: aquellos 500 mil animales creciendo hacinados y viviendo vidas que no vale la pena vivir.

Ya lo han dicho varios estudios científicos. Los chanchos son más inteligentes que los perros, y más también que un ser humano de tres años. Además, cualquiera que haya tenido la oportunidad de verlos creciendo libres sabe lo sociables que son y cómo se relacionan con su parentela. Lo que sigue son simples datos de la causa que, a mi juicio, deberían hacerle al lector pensar dos veces antes de comprar la próxima chuleta. Y quien quiera más información puede encontrarla en la página de PETA, el grupo de Personas por el Tratamiento Ético de los Animales.

En granjas industriales como la recién clausurada de Agrosuper, las madres chancho (que, en condiciones normales, igual que las humanas, forman lazos duraderos con sus crías), pasan la mayor parte de su vida en jaulas de “gestación”, tan pequeñas que ni siquiera pueden darse vuelta. Cuando dan a luz, se las deja por unos 10 días con sus hijos, tras los cuales se las separa, para preñarlas de nuevo. Así se la pasan de tres a cuatro años hasta que se las manda al matadero.

Para evitar el canibalismo y la agresión, considerando las condiciones de hacinamiento en que crecen, a los chanchitos se les da la bienvenida al mundo cortándoles la cola y a veces se sacándoles los dientes (por supuesto, sin anestesia). Luego de que alcanzan el peso deseable para carnearlos, se los manda desde el “criadero” hacia la “planta procesadora de alimentos”, dos magníficos eufemismos para lo que en realidad deberían llamarse “cárcel en vida” y “matadero”.

En Estados Unidos, donde se han infiltrado activistas para denunciar la manera en que se termina con su corta y miserable vida, muchos chanchos están vivos todavía cuando se los lanza a las piscinas de agua hirviendo, diseñadas para suavizar su piel y hacer que pierdan el pelo, una vez muertos. En Chile, hasta donde sé, no ha habido denuncias explícitas al respecto, más que el video captado en la planta de Agrosuper por la agrupación Eligeveganismo.

A estos datos se suman aquellos que apuntan al daño ambiental de la carne producida industrialmente. Se calcula que un chancho promedio produce unos tres kilos de excrementos al día. Si esto se multiplica por el número de animales que había en la planta de Agrosuper, da 1500 toneladas diarias de caca. Ni modo que hayan salido malos olores. Por último, nadie se ha referido a la locura que significa ubicar un criadero de este porte en medio de una de las zonas más desérticas del país, donde el agua vale oro y probablemente el consumo del criadero se llevó un buen porcentaje.

Si es verdad que somos seres racionales y capaces de actuar humanamente, pues demostrémoslo, y partamos por nuestro plato: nadie se va a morir por no comerse una chuleta, pero sí le ahorraremos a un animal inteligente vivir una vida que no se merece.

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