Menos abrazos y más respeto

Para el 29 de abril se prepara el evento solidario “Chile Abraza a Punta Arenas” en el Teatro Municipal de Las Condes. Habrá tenores, animadores deportivos y futbolistas jubilados; uno que otro cantante pop y una que otra estrella de la farándula. Si se logra “sensibilizar” lo suficiente al empresariado y a la ciudadanía, se esperan recaudar 300 millones para la reconstrucción de la ciudad tras el aluvión del 11 de marzo pasado. De manera gratuita, por pura y humana empatía, los hermanos chilenos (desde Santiago, por supuesto), relajarán los bolsillos y practicarán conscientemente la teoría del chorreo, entregando lo que les sobra con actitud benefactora. Ser caritativo sienta bien y se siente bien. Y si no, pregúntenle a Thomas Hobbes, el filósofo del egoísmo por excelencia, quien daba limosnas –según él– por puro placer.

Aunque quizás debiera conmoverme tanta filantropía, la verdad es que no ando de genio para ella. El desastre que dejó la salida del río, las cientos de viviendas destruidas, las toneladas de barro en las calles y los millones de pesos de pérdidas para el comercio y demás actividades productivas no se solucionan dando abrazos, sino tratando a los afectados con el respeto que se merecen. Creo que, en este caso, la justicia y la caridad se están confundiendo, y se está haciendo pasar por la segunda algo que es materia de la primera.

No sé lo que dirán las leyes, pero imagino que –como ciudadanos y contribuyentes al erario nacional– existirá algún fondo al cual los puntarenenses tengan el derecho a recurrir en situaciones como ésta. Antes de organizar cantatas, debería ser el Estado el que se hiciera cargo de financiar la reconstrucción, o al menos de aliviar la carga para quienes se vieron afectados por la emergencia. Leo, sin embargo, que los fondos no son suficientes y que, si no es con la generosidad de Levantemos Chile, mi ciudad natal seguirá en el suelo por un buen rato. Y entonces me baja la rabia ante la injusticia.

Sí, injusticia, porque no puedo creer que en un país pequeño y con tantas riquezas como el nuestro sus habitantes tengan que fiarse de las migajas de otros compatriotas cuando algún evento inesperado (y del cual no fueron en lo más mínimo responsables) los saca de la normalidad. A Chile no hay que levantarlo, porque ya está arriba, con el precio del cobre sin ánimos de caer, con las reservas de litio esperando su momento estelar, con el tesoro pesquero disperso en cuatro mil kilómetros de costa y con un potencial turístico que apenas comienza a aprovecharse. El desafío es más bien levantar a los chilenos, para que nuestro propio país no nos deje atrás con sus números brillantes.

Si para algo sirven desastres como el aluvión es para darse cuenta del tipo de sociedad en que se vive y del tipo de instituciones que hemos construido. Y cuando se tiene que empezar a pedir por favor algo que es simplemente debido, pues entonces es la hora de sentarse y ver cómo rediseñar dicha sociedad y dichas instituciones.

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3 comentarios en “Menos abrazos y más respeto

  1. Tienes toda la razón, hace rato ya que los que todavía no lo han hecho, tienen que sentarse a examinar las diferentes alternativas que se plantean para rediseñar la sociedad actual y las instituciones que la rigen, que no son ni democraticas ni justas.

  2. Excelente columna. Lo mismo aplica al tema de la Teletón. Tal como señalas, el tema es derechos versus favores. Si efectivamente todos los ciudadanos y ciudadanas son iguales y gozan de los mismos derechos, el tener una necesidad especial no es razón para no poder gozar de una vida plena y satisfactoria. Eso implica que el colectivo, a través del Estado u otro mecanismo, se hace cargo, ya que uno pertenece a la comunidad y tiene derechos y deberes. Pero eso no es un favor o una donación monetaria que “alguien” hace por la buena onda.

    El caso de la Teletón ilustra bien como funcionamos, y ahora, entonces, en este caso, se aplica la misma lógica. Lo mismos se hizo luego del terremoto del 27F, aunque creo que el espíritu de los voluntarios que fueron a construir mediaguas era un poco distinto, la práctica era diferente, lamentablemente el discurso y los eventos realizados fueron similares al que comentas acá.

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