Castro, patrimonio de la mall-idad

Cuando vi la foto por primera vez, me quedé tranquila, pensando que de seguro era una broma; que algún ocioso se había pasado la tarde fotochopeando la clásica postal de Castro, poniéndole al frente un mamotreto impresentable y fuera de toda escala, al lado del cual el hotel Unicornio Azul parece un punto, y la majestuosa catedral de dos torres queda convertida en una animita.
Pero no. Era demasiado malo para ser broma. El mamotreto existe. Está en plena construcción. Será el primer mall de la isla grande de Chiloé, que traerá por fin a la capital comunal el tan esperado progreso del endeudamiento en 48 cuotas, reemplazará milcaos por combos y, sobre todo, pondrá a Castro en el ranking de adefesios urbanísticos de la última década. Me pregunto a dónde andaba el seremi de vivienda y urbanismo, cuando aprobaron semejante proyecto. ¿De vacaciones? Probablemente. Y si no, le recomendaría que se las tome ahora, sin fecha de regreso.
Dicen las pocas noticias disponibles al respecto que el proyecto de 27 millones de dólares de la empresa Pasmar (la misma que construyó los malls Costanera y Paseo del Mar en Puerto Montt) ha violado reiteradamente la normativa municipal; que van cuatro mil metros construidos por sobre lo que se había acordado en el diseño original; que la lista de irregularidades es tan larga que la Dirección de Obras le ha pedido tres veces a la constructora Salfa que paralice la construcción y no lo han hecho.
Si esta total impotencia de la autoridad municipal frente a los dictámenes de la empresa es realmente cierta, ya no sé si es más grave el atentado arquitectónico en sí mismo o lo que dice este hecho sobre nuestra institucionalidad democŕatica. Mientras en 2011 se repitieron hasta el cansancio las escenas de ciudadanos y estudiantes protestando en aras de una mayor justicia social, los que fueron recibidos con guanacos, bombas lacrimógenas y violencia a veces excesiva de las “fuerzas del orden”, quisiera saber dónde están esas fuerzas del orden en este caso, y por qué no les disparan un chorro de agua fría a los ejecutivos de la empresa, para hacerlos entrar en razón (por la fuerza).
Declararse francamente en rebeldía frente a las instituciones democráticamente elegidas en aras del lucro puro y simple debería tener una sanción mayor que la tibia protesta de unos pocos vecinos, quejándose porque les prometieron multisalas de cine que nunca serán construidas.
Me llama la atención el silencio en que este proyecto fue avanzando, totalmente inadvertido para el resto de los chilenos. ¿Cómo es posible que la noticia recién se haga pública cuando la construcción ya se empina muy por encima de las torres de la catedral castreña? ¿Cómo es posible que instituciones como el Colegio de Arquitectos o la Corporación de Amigos de las Iglesias de Chiloé, declaradas patrimonio de la Humanidad por la Unesco, no hayan vociferado en contra, antes de que se concretara? El punto no es si construir un mall o no en la isla; el punto es cómo se construye.
Chiloé fue elegida por The New York Times como uno de los destinos turísticos favoritos para el 2012, por su arquitectura pintoresca y sus ricas tradiciones y costumbres. Pero entre las fotos que aparecen para promocionarla figuran los palafitos y las casas de tejas, no el mall de Castro. Ni modo.

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