¡A quitarse la tontera!

Cuando primero lo vi creí que era una tomadura de pelo. Mi amiga Colombina me mandó el link por mail, diciendo que no sabía si era para reír o para llorar. La primera vez me reí. Mucho. La segunda, no tanto, y la tercera me empezó a bajar entre furia y vergüenza. Todavía no lloro, pero quizás si lo veo de nuevo se me caiga una lágrima. La campaña televisiva del Ministerio de Energía, “A quitarse la corbata”, parece diseñada por los peores enemigos del gobierno, para dejar a sus masculinos miembros del gabinete en ridículo y convertir un tema de importancia crítica para el país en una chacota.

Como bien dijo Colombina en una columna aparecida en Sentidos Comunes, la idea de solucionar el problema energético sacándoles la corbata a los pocos que la usan y que además trabajan en oficinas con aire acondicionado es reduccionista, mentirosa e injusta: reduccionista, porque creer que el derroche energético se soluciona con estos “pequeños gestos” es como creer que el calentamiento global se frena cambiando las ampolletas normales por LEDs; mentirosa, porque omite que quienes realmente deberían “sacarse la corbata” son las grandes empresas mineras (que se tragan más de un tercio del consumo país); e injusta, porque asume que los que controlan la temperatura de Chile son un puñado de machos de camisas bien planchadas y corbatas a rayas (¡y las mujeres que nos abaniquemos, como sugirió la Ministra de Medio Ambiente!).

A esto agregaría un par de agravantes más. El único contenido relevante del mensaje aparece al comienzo, en apenas tres segundos y en letra chica (tal como en los comerciales de los bancos, donde las condiciones y peligros de los créditos de consumo aparecen ilegiblemente chicos y a mil por hora, al final). De hecho, la única forma de capturar esa información es viendo el aviso online y poniéndole pausa. Ahí uno se entera, primero, de que con este “pequeño gesto” se espera ahorrar un 3,31% de consumo energético en el sector público y comercial. Según cifras del Balance de Energía 2008, de la Comisión Nacional de Energía, los dos sectores juntos representan aproximadamente un 14% del consumo total de electricidad. O sea, el gran ahorro se reduce a un 3,31% del 14% total: menos de un 0,5%. Habría que sacarse harto más que las corbatas para realmente hacer una diferencia con esta metodología.

Segundo, el ahorro en dinero es de diez millones de dólares, algo así como 15 casas con piscina en un sector ABC1 de Santiago. Quince casas de ministros, por decirlo así. No hay que ser discípulo de Milton Friedman para darse cuenta de que no es para tanto.

Tercero, se reducen las emisiones de CO2 en 120 mil toneladas. Claro, esto parece bastante, hasta que uno cae en la cuenta de que las emisiones totales de nuestro país en 2010 fueron más de cien millones de toneladas. ¡Y entonces el gran ahorro se reduce a 0,1%!

No sigo, porque no quiero marear a nadie con más datos, y creo que el mensaje a estas alturas debería estar claro: ¡Basta de soluciones cosméticas! ¡Basta de tapar hoyos con aserrín! ¡La eficiencia energética en Chile no se logra sacándose la corbata, sino sacándose la tontera! Que el 2012 sea el año para hacerlo es mi deseo.

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2 comentarios en “¡A quitarse la tontera!

  1. Alejandra, muy buen artículo, Divertido e informando sobre un absurdo que ni pensé se podía algo siquiera informar (fuiste capaz incluso de leer datos, no en entrelíneas, pero si en el pantallazo aquel de 3 segundos).

    Tú nota me ha hecho ver esto con un poco de compasión. Me explico: la arenga de sacarse la corbata que hacen los miembros masculinos de un gobierno dirigido por alguién que gusta de hacer bromas a las damas, me ha terminado por producir pena; pena de ellos. Los imagino sesudos e intentantando hacer algo en serio por el medio ambiente y por la eficiencia enégetica -porque me resisto a creer que es simple estupidez o tomadura de pelo-, y apenas, si, apenas se les ocurre esto; tontamente ingenuo al ni siquiera captar los ecos irónicos y las sonoras carcajadas que generaría. Es que su distancia emocional e intelectual con lo ambiental, su ignorancia de la ecología, su afición ideologizada al mercado, todo eso, simplemente los obnuvila y no les permite darse cuenta del absurdo en que caen, pero, reconozcamoslo, lo han intentado. En tesitura de Buda, los compadezco en su ignorancia y los acepto en su intención.

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