Lo barato cuesta caro

Los lugares comunes, para pesar de quienes tratamos de evitarlos,en el fondo siempre tienen algo de cierto. Aquí va uno.

“Lo barato cuesta caro” me decía mi mamá cuando íbamos a la Zona Franca a comprar algún electrodoméstico. La idea era que, por ahorrarse unos pesos y comprar una marca poco conocida, al final uno terminaba por llevarse un artefacto que colapsaba al tercer uso, hacía cortocircuito al enchufarlo o se desarmaba con sólo mirarlo, a pesar de su buena apariencia inicial. Mejor era invertir un poco más al comienzo, continuaba la lección, y armarse de un objeto durable y confiable. “Made in Taiwan” era sinónimo por aquellos días de lo que era mejor evitar.

Un documental de la BBC que vi el otro día, sin embargo, me dejó meditando sobre otros dos significados igual de ciertos pero menos obvios del lugar común en cuestión. Éste trataba sobre una marca de chalecos de lana escoceses caros y exclusivos que había cerrado la fábrica en Edimburgo para mudarse a Mongolia, con el obvio objetivo de abaratar costos. La idea, desde un punto de vista estrictamente económico, es perfecta. Aunque las instalaciones quedan en Mongolia, los trabajadores son ‘importados’ desde Corea del Norte; viven en la fábrica y no tienen permiso para salir de ella; y no reciben sueldo, ya que el pago va directo al gobierno norcoreano. Paradójicamente, como bien indicaba el periodista, el capitalismo occidental en este caso subsidia directamente al régimen comunista de Kim Yong -il, dictador y maquinador de uno de los regímenes totalitarios más represivos del mundo.

“Lo barato cuesta caro” se hace cierto en este caso en dos sentidos más allá del habitual. Por un lado, para aumentar su margen de ganancias, la compañía escocesa ha optado por mano de obra barata, sin tomar en cuenta el alto costo de su decisión en términos de violación a los derechos humanos y apoyo económico directo a un régimen abiertamente repudiado por las democracias occidentales. Por ahorrarse unas libras, los dueños del negocio se meten al bolsillo la libertad de esos trabajadores que, sin lugar a dudas, poco o nada reciben como beneficio de su trabajo, dando de paso un incentivo a que otras compañías imiten su ejemplo.

Por otro lado, “lo barato cuesta caro” significa también que la reducción en los costos de producción ni siquiera se ve reflejada en los precios finales, tan altos como siempre. Ya no hechos, pero todavía “diseñados” en Escocia, los modelitos siguen igual de demandados por los consumidores, ávidos de un producto exclusivo y de buena calidad, pero en su mayoría ignorantes de su verdadero origen. Pagan mucho, en suma, por algo que ha costado muy poco producir, mientras los dueños del negocio se llenan los bolsillos y los ‘dealers’ de mano de obra norcoreanos se aprovechan del absurdo en que se transforma el capitalismo llevado a un extremo.

Los dos nuevos significados de este lugar común deberían sumarse al ya conocido y nosotros –los consumidores– deberíamos dejar de taparnos los ojos al respecto.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s