Apagar la tele

De mi última tele me deshice hace una década y no he encontrado hasta aquí ni argumentos ni programas suficientemente buenos para revertir mi decisión. Al contrario, prescindir de la tele en la vida diaria significa una cantidad de horas ganadas en otros terrenos que ya no estoy dispuesta a perder. Por lo demás, cada vez que voy a una casa con tele o me quedo en un hotel con suficientes estrellas como para incluir una en la pieza, me pongo al día con lo que me he perdido (suponiendo que me he perdido algo), y hasta me entretengo al comprobar que las formas y las caras cambian, pero el contenido es como un eterno retorno nietzscheano: siempre lo mismo, siempre igual.

Esta vez, sin embargo, mi queja no es contra la tele como concepto, sino como institución. Y no me refiero aquí a las teles del mundo, sino a una muy precisa: la chilena.

Sonará raro que, estando fuera del país, me queje de lo que pasa o no pasa por la pantalla de los canales locales. Si lo hago, es porque en apenas una semana me he enterado de dos importantes noticias que no salieron para nada en la pantalla abierta, y me preocupa que –siendo la tele el medio mayoritario por el cual se informan los chilenos– se encubra lo que realmente debería saberse, y se dé protagonismo excesivo a lo que no merece atención.

La primera noticia que pasó inadvertida, leo en el diario El Ciudadano, fue la masiva convocatoria “Mil Tambores por la Educación”, que se realizó en Valparaíso el lunes 15 de agosto. Las fotos atestiguan que miles de personas (veinte mil, según este medio) se reunieron en forma pacífica para exigir una educación pública gratuita y de calidad. Como no hubo desórdenes, ni vidrios rotos, ni encapuchados haciendo de las suyas, ¡los noticieros de los canales más grandes omitieron por completo la noticia! Claro, era prioridad reportear que una figura televisiva se había achicharrado la cara en un centro estético, o que no sé cuál goleador había metido no sé cuál gol en quién sabe cuál arco. Si veinte mil chilenos marchando juntos por una meta no es suficiente para convocar las cámaras de la televisión abierta, pero el accidente doméstico de un “rostro” televisivo o un gol más para el mundo sí lo son, pues entonces algo huele mal.

La segunda noticia que ha pasado en banda es la huelga de 1.600 trabajadores de Citibank, desde el 9 de agosto, para exigir mejoras en sus sueldos y condiciones laborales. Propiedad del grupo Luksic, dueño mayoritario de Canal 13, no sorprende que éste no informe al respecto. Pero, ¿y los demás?

A quienes tienen como principal medio informativo la pantalla abierta, la única recomendación posible hoy es aplicar la suspicacia y olvidarse del refrán “ver para creer”… a menos que sean los propios ojos los que ven, y no los de la tele.

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Un comentario en “Apagar la tele

  1. bueno por mi parte no veo televisión diariamente sólo en forma ocasional cuando voy a otra casa,me aburre y no soporto el bombardeo de publicidad , “necesidades creadas” le llaman.

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