Firmar los pensamientos

Hace un par de semanas asistí a una charla dada por un estudiante de doctorado iraní, uno de los tantos que circulan por Australia. La charla me llamó la atención por el nombre: “#Iranelection”, en alusión a la campaña virtual que se armó por Twitter después de las elecciones presidenciales de Irán en 2009, y donde la oposición acusó al actual presidente, Mahmoud Ahmadinejad, de darse ilegítimamente por ganador. Lo novedoso de esto fue que, por primera vez en el mundo, un grupo de personas pudo coordinarse online en pro de una misma causa, ya fuera para organizar una protesta contra este régimen nada democrático, o para acusar los sucesivos actos de represión de que fueron –y son hoy todavía objeto– sus opositores. Hasta aquí todo bien, si no fuera porque el precio de pertenecer a esta red y de informar a través de ella fue y es permanecer en el anonimato más absoluto. Viviendo bajo el permanente miedo de que funcionarios estatales hackeen su cuenta, descubran su verdadero paradero y lo hagan desaparecer en alguna de las cárceles hoy abarrotadas de Teherán, quien daba la charla explicaba cómo debía cuidar sus palabras y hasta las horas de posteo para despistar a sus enemigos. La conclusión que me llevé para la casa fue que la libertad de expresión que hoy damos por hecho quienes vivimos en democracia (por fallada que sea) es un bien precioso y que se puede perder en cualquier momento. Diría que los consejos del iraní hasta me pusieron un poco paranoica: que firmar los pensamientos con el verdadero nombre puede ser un acto suicida no es algo que se me cruce por la mente cuando disparo palabras contra quienes creo que se merecen una lluvia de ellas; que cuidar cada frase es un acto de mínima subsistencia si se quiere resistir al enemigo no es algo que tenga internalizado… ¡inocencia culpable de una generación chilena que nació lo suficientemente tarde?

Dicho esto, me cae como baldazo helado la noticia de que el artista y activista chino Al Weiwei se encuentra desaparecido desde el 3 de abril. Tras detenerlo en el aeropuerto de Biejing, cuando se disponía a viajar a Hong-Kong, los oficiales chinos se han negado a dar más información sobre su paradero y lo acusan de delitos económicos (¿?). Weiwei se ganó su fama como co-diseñador del estadio olímpico de Beijing, y hasta ahí fue todo miel sobre hojuelas. El problema fue cuando comenzó a utilizar su presencia pública para denunciar la falta de libertades en su país y la corrupción flagrante, por ejemplo, en el caso de las escuelas de “cartón piedra” que colapsaron en el terremoto de Sichuán. En una última aparición en Europa, ya llevaba la cicatriz de una operación que tuvieron que hacerle de urgencia en la cabeza después de una golpiza recibida por la policía china. Contra los consejos del estudiante iraní, Al Weiwei se atrevió a firmar sus pensamientos críticos en un país que no está preparado para ello. Es de esperar que no le cueste la vida. ¡Viva la libertad de decir y firmar!

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Un comentario en “Firmar los pensamientos

  1. Nuestra libertad de expresión , aún en los paises “democraticos” es relativa y fragil. En los paises en los cuales predominan estructuras et ideologías totalitarias, pensar , tomar posicion y denunciar comprometiendose en la lucha contra todo aquello que atenta y se opone a la libertad, implica el riesgo de desaparecer sin dejar huellas, equivale a la muerte.

    Son muchos, desgraciadamente los más, los que eligen la “autocensura”, y la “relativa seguridad” que confiere el guardar silencio, (y con él, para acallar la consciencia, ocultar los principios y valores que algunas veces pensaron respetar, bien en el fondo del baúl) aunque alguna molestia cause, la complicidad que resulta de esta actitud.

    Ello es comprensible, el instinto de supervivencia es como en todo lo viviente, muy fuerte en el reino animal del cual formamos parte los humanos. La experiencia historica y los “traumas” y “miedos” engendrados por los totalitarismos de todos los pelajes en las últimas centurias son un pesado lastre.

    Exponerse y elegir la opción de ser consecuente y defender nuestras propias convicciones y principios, est un acto que dicta nuestra consciencia, nuestra capacidad de razonamiento y nuestra determinación y entereza. También esta en juego nuestra propia dignidad cuando decidimos privilegiar la opción de luchar junto a otros, todos aquellos que comparten una causa afin y justa, por la defensa del derecho a la vida, a la libertad (que nace del respeto de la diferencia del otro), a la justicia (social y economica) y la democracia (que garante del respeto y del ejercicio de nuestros derechos y convivencia en nuestro comun espacio de vida ), aunque imperfecta, es sin dudas la mejor organización concebida por el hombre, a pesar de sus defectos y limitaciones que siempre seran “perfectibles”.
    Viva la libertad de opinión y de palabra! Viva la libertad!

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