El cuco ambientalista

Decirle a alguien que es “ambientalista” en nuestro país suele ser una descalificación más que un halago, una manifestación de sospecha más que un signo aprobatorio. Los “ambientalistas” figuran, sobre todo en los medios masivos, como extremistas, descompensados, faltos de sentido común, estorbos al bien comunitario más que voces válidas con una propuesta diferente sobre lo que ese bien significa. Por estos días de crisis energética, sequía y evaluaciones de impacto ambiental cuestionables recién aprobadas, decirle “ambientalista” a alguien equivale a marcarlo con una cruz de escepticismo: ¿Será de los que quieren darles derechos a las piedras? ¿Será de los que quieren que volvamos a las cavernas para que reinen las garzas en el cielo, los tiburones en las aguas y los leones en la tierra? ¿Será de los que creen que sólo una guerra o una epidemia global pueden erradicar a este ‘cáncer’ llamado humanidad? El estereotipo del ambientalista es del hippie que se quedó pegado o del neo hippie que se niega al desarrollo económico, a los tendidos eléctricos y a las bolsas plásticas, pero disfruta igual de todas las comodidades que nuestro mundo civilizado le ofrece. Frecuentemente se lo acusa de inconsecuencia: “Tan verde que se cree y mira el auto en el que anda”. “Se llena la boca hablando de reducción de emisiones de carbono y mira todo lo que viaja en avión.” Et cétera.

Por mi parte, creo que el “ambientalista” no se opone al ciudadano de sentido común, sino a quienes no les importan ni el medio ambiente ni mucho menos sus pares, sino sólo la curva ascendente de sus acciones en la bolsa y un acaparamiento cada vez mayor de los recursos naturales, sobre los cuales mantienen prácticamente un monopolio de explotación.

Cual en una transmutación de valores nietzscheana, los realmente peligrosos se han puesto piel de cordero y dicen representar los intereses de toda la ciudadanía, mientras los genuinamente interesados por el bien común son estigmatizados como amenazas a éste. Para quien no lee entre líneas, los ambientalistas se convierten en el enemigo, en lugar del aliado; la oscuridad frente a la luz (y esto ya ni siquiera de modo figurado, sino literal, como se ha visto en una reciente campaña comunicacional para la aprobación de un mega proyecto eléctrico). Para peor, los atacados no tienen muchas herramientas para defenderse y, cuando reciben alguna ayuda externa para difundir sus ideas, ¡se los acusa de vendidos, traidores a la patria y hasta pro-imperialistas! ¿No es el caso hace rato, me pregunto yo, que el imperialismo se ha convertido en un peligro doméstico más que externo?

Preocuparse del medio ambiente no significa despreocuparse de las personas, porque ambos términos no son excluyentes, sino complementarios. Éste es el mensaje ambientalista que pocas veces se publica. Lo demás son caricaturas. El cuco es otro, en serio.

Esta columna también puede verse en Verdeseo y Modema

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8 comentarios en “El cuco ambientalista

  1. Es verdad; basta saltar al ruedo, para que la plaza casi entera lo vigile al milímetro con ojo crítico, y cuidado a la menor muestra de imperfección, porque de inmediato la rechifla… pero, ¡nadie más se anima a saltar al ruedo!

  2. Es cierto que se estigmatiza, pero la culpa no la tiene el chancho… hay muchos ambientalistas que poseen conocimientos sólidos de lo que hacen, pero los que más gritan, generalmente, son aficionados al ecologismo y carecen de argumentos con solidez y respaldo para validarlos… Yo me sumo a los, que con un título en la materia, nos oponemos a los mega proyectos de Hidroaysén y especialmente a la barbarie del crecimiento horizontal del gran Santiago, que es un gran negociado entre empresas constructoras y corredores de propiedades, con la venia del MOP, de debería ser MCP (Ministerio de Coimas Públicas), ya que el dinero alcanza para mojar a varios, incluidos los políticos que aprueban estos proyectos. Por eso, si logró formarse el Colegio de Ingenieros ambientales y Técnicos de Nivel Superior en Gestión y Control Ambiental, éstos deberían pronunciarse y empezar a hacerse notar, porque no veo que aparezcan en los medios de comunicación las opiniones de estos profesionales (colegas).

  3. Pingback: El cuco ambientalista « VerDeseo

  4. Estimados:

    Coincido en que se estigmatiza a los ambientalistas. Pero esto no es un caso aislado y exclusivo de “nosotros”, sino más bien sucede con todas las personas que tienen capacidad crítica y reparan en una o en varias de las tantas perversiones de este sistema.

    Esto no es casualidad, es un modelo que lleva años perfeccionándose. Basta detenerse a observar los contenidos y la forma en que hemos sido educados. Así cada cosa, pensamiento, actitud o manifestación fuera de la lógica del sistema es considerada un cáncer. Hippies, drogadictos, excéntricos, anarquistas, locos fuera de razón…que no entienden los beneficios del sistema. No es de extrañar entonces que cada manifestación o reivindicación que plantee un grupo de personas, ambientalistas, mapuches, anti globalización, etc., sean considerados actos terroristas. Es decir, se criminaliza, se usan las fuerzas públicas y se silencian las noticias…después de todo, es mejor comentar la última operación de una modelo, los mejores goles de la jornada, que generar un momento de reflexión. Fíjense en los tiempos que les otorgan a las noticias. No les parece raro que sin importar el canal sean las mismas. No se han detenido a pensar en que están manipulando la información que nos entregan… eso ha sucedido también con nuestra educación.

    No concuerdo que esto pase por profesionalizar una opinión. Soy un especialista en una temática ambiental…y te diré que entre más me he perfeccionado me he dado cuenta que menos sé. Pensemos en aquellos especialistas, ingenieros ambientales que han trabajado en las termoeléctricas. Sin duda han sido muy profesionales. Pero ciertamente, han obrado según la lógica de su educación y formación. Finalmente, se sociabilizan los costos (impactos ambientales) y se privatizan las ganancias. Creo que la sabiduría está en esas personas que viven cerca de la tierra, con la cosmovisión en la que todos conformamos un gran sistema y el que TODOS debemos de cuidar.

    Debemos aprender y actuar con la ética de cuidar nuestra tierra, cuidar las personas y repartir los excedentes de manera equitativa.

    Los invito a seguir pensando: http://www.youtube.com/watch?v=ykfp1WvVqAY

    Un abrazo

  5. Estimada:

    Aunque estoy de acuerdo con la intención de la columna y comparto la idea de que ser ambientalista es de sentido común (para mi lo eso), pero pienso que la visión que tu compartes sobre la calificación ambiental, es la típica era noventera o principio de siglo.

    (O ¿ tal vez yo estoy mas acustumbrada a la rudeza del trato ambiental? ) 🙂

    Continuo:

    Ejemplo icono era Ravinet y su famoso “manotazo limpio” a un ambientalista, y luego tratando como “hippies trasnochados” a los manifestantes presentes en pleno acto público (2003).

    Hoy por hoy, creo que suena hasta honorable llamarse “ambientalista”, ahora la gente es más formal para referirse a esta área, pero hay doble estandar:
    Ocurre es que esta muy manoseado y tergiversado el concepto, por resguardar los intereses económicos de mega-empresas y algunos grupos de poder.

    Así, como hay verde claros y oscuros, hoy hay ambientalistas y ambientalistas.

    Desde los ambientalistas manipuladores, pasando los faranduleros o los “sustentables, los “ex ambientalistas”, hasta los de la preservación.

    ¿Por qué te digo que es honorable llamarse ambientalista?:
    Porque las empresas están utilizando este concepto, para atraer a sus clientes. Tal como ha sucedido con la imagen de los niños o padres en publicidad, está ocurriendo con el medio ambiente: conectar y captar al cliente con los sentimientos más “nobles, altos y honorables”, para obtener beneficios económicos. El mensaje es: “si tu eliges mi producto están ayudando a la flora y fauna: eres una persona altruista !!!

    Y ESTO ES MANIPULACIÓN.

    Tenemos el ejemplo de las empresas que patrocinaron el Dakar: venden el tema ambiental, y todos sabemos que el Dakar es lo menos ambiental conocido (matan biodiversidad, huella de carbono, etc.). Carozzi, con su stand sustentable o “reciclable” en la Maratón de Santiago 2011. Las empresas están invirtiendo en marketing y esto significa ganancias. Por algo, Hidroyasen dice que es “energía limpia” y Pascua Lama tiene un marketing ambiental muy fuerte, porque ellos están interesado por ganar la opinión favorable de los ciudadanos: porque se sabe que la gente es manipulable.

    Pero, tu tienes razón, este “pololeo” ambiental, se acaba cuando hablamos de “desarrollo pais”:

    Lo que hoy tiene “cuco” este gobierno y las empresas chilenas, es que los ciudadanos usen, apliquen o aboguen por los conceptos del bienestar ambiental o conservación o preservación (porque ni siquiera la propuesta “sustentable” da para cuidar nuestro entorno ambiental y natural).

    Cuando la gente salió a las calles por la termoeléctrica aprobada en Punta de Choros, fue por un concepto preservacionista (aunque, ellos no lo hayan sabido).

    Estos grupos de poder NO NOS HAN DADO la opción de discutir que opción queremos como desarrollo para nuestro país, y nos meten “cuco” que si “no se aprueba hidroaysen se no cortará la luz”.

    Saludos.

    • Me encantó la reflexión sobre los ambientalistas y ambientalistas… tienes razón: hay algunos que no merecen el título. Casi me robaría la idea para una próxima columna…

  6. Pingback: El cuco ambientalista

  7. Pingback: Mi otro yo « El ojo parcial

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