Mejor con gusanos

Una de las mejores excursiones que existen en la apacible capital australiana de Canberra es al Farmer’s Market los sábados por la mañana. En esta ciudad artificial, inventada hace 99 años por el arquitecto Charles Burley Griffin y ubicada a medio camino entre las verdaderas ciudades de Sydney y Melbourne, éste es sin duda uno de los paseos más genuinos que existen.

A diferencia de los mercados que conocemos, donde son distribuidores y comerciantes los que venden los productos, aquí son los propios productores los que llegan a ofrecer sus especialidades: bananas cien por ciento australianas (a diez dólares el kilo después del ciclón que arrasó con la cosecha en el norte tropical del estado de Queensland); tomates con gusto a tomates y que maduran como corresponde (¡nada de rockies!); zapallitos o, mejor dicho, zapallotes italianos que con uno alcanzan para alimentar a una familia entera; pan fresco tipo italiano, turco, francés o alemán (los que delatan las variopintas nacionalidades que siguen inmigrando hacia este país-continente); vinos y quesos regionales, café molido al instante y unos huevos de yema amarillísima y tamaños irregulares, hijos de gallinas libres y bien alimentadas, nada que ver con las anémicas versiones de granja industrial.

Cada vez más popular, el mercado empezó como un experimento improbable en una ciudad de 300 mil habitantes cuyos esparcidos suburbios se conectan por carreteras y donde no hay un centro, sino varios, los que se detectan por la presencia de los infaltables malls. ¿Para qué madrugar el sábado cuando se puede ir al supermercado hasta las 10 de la noche? ¿Para qué pagar más por las frutas y verduras, cuando en la cadena amiga se puede pagar con tarjeta y hasta dan cupón de descuento en la bencinera? Pues por una razón muy simple: porque los australianos, como otros habitantes de países desarrollados, están con nostalgia; nostalgia del tiempo de sus abuelos, cuando el plástico no existía y cada uno tenía su propia bolsa de compras; nostalgia de sabores verdaderos, de las mermeladas que sólo llevan azúcar y fruta, de los pollos que no han sido inyectados con hormonas, de las manzanas picadas y hasta con gusano, si ése es el precio que hay que pagar por lo orgánico.

Aunque dice afuera que empieza a las 8, desde las 6.30 se ven patriotas de lo sano y natural, poniéndose a la cola para comprar el pescado fresco del señor que viene de Moruya (que vendría siendo el San Antonio de los canberranos), las nueces macadamias recién tostadas, la miel de distintos tipos de eucalipto y los dulces hipercalóricos del casero griego. Si bien la mayoría llega en auto, los realmente cool aparecen en bicicleta y si es con los niños atrás, mejor. Cuando los días están lindos, la idílica imagen de la pareja joven tomando desayuno fresco en el parque aledaño, con los retoños corriendo a pata pelada alrededor, hace olvidar que uno está en uno de los diez países más quema-recursos del planeta. Pero mejor no pensar en eso ahora… Por algo hay que empezar, y quizás esta tendencia gatille otros cambios necesarios.

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3 comentarios en “Mejor con gusanos

  1. El fenomeno que comentas, ese retorno al “verdadero gusto y sabor de los productos naturales” se manifiesta practicamente en todos los paises que viven en la abundancia de bienes de consumo, propuestos por el mercantilismo neoliberal y que resultan de la masiva producción industrial y los cultivos intensivos o geneticamente transformados. Sin embargo, aunque los pobres del planeta esten concientes de la gran dirferencia cualitativa que existe entre los bienes de consumo producidos industrialmente y los otros, solo una minoria social puede permitirse el lujo de alimentarse; vestirse y vivir con “productos naturales” .

    • Te encuentro razón, Iván. Aquí la clase media y obrera en general vive de leche, salchichas y pan de molde, que compran en alguna de las tres cadenas de supermercados. Esto de lo orgánico y natural es de la clase media alta y “viajada”. Pero también creo que hay una cosa de cultura alimenticia, cariño por la comida e ingenio. Una dieta vegetariana y balanceada, con harta legumbres, cereales y verduras, es barata y posible hasta en Australia, siempre que uno esté dispuesto a comer el vegetal de temporada y la oferta del día…

  2. Hola Alejandra:

    Para mí también ha sido una grata sorpresa el Farmers´market de Canberra . Hoy día estando en Santiago, veo lo difícil que es conseguir buena comida a precios razonables. Creo que aquí el acceso a productos de calidad aún está más vetados para los pobres. Más allá del dinero para acceder a comida sana, también existen gustos y preferencias muy arraigados por productos procesados: pan de molde, bebidas, comida lista, en fin. En este sentido, sería interesante comparar cómo comen los pobres de países desarrollados con pobres de países subdesarrollados y ver hasta qué punto la globalización se hace presente aquí.

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