Mi pedido de Navidad

Suponiendo que los oscuros pronósticos mayas y hollywoodenses para el 2012 pasen tan sin pena ni gloria como los augurios de Nostradamus para el 2000, y que el 2011 no sea simplemente el año para despedirse de nuestra existencia antes de la hecatombe, me gustaría que lo viviéramos de la siguiente manera: con razón de ser, como si por fin hubiéramos caído en la cuenta de quiénes somos y qué cosas nos están destinadas en este fugaz paso por la infinitamente minúscula (pero única e irremplazable) Tierra.

Mi pedido para este año es uno solo, pero no está en mis manos cumplirlo, sino en las de miles de millones. Es simple y, como todas las cosas simples, más complicado de lo que parece: pido que los consumidores por fin nos demos cuenta de que tenemos el poder, lo asumamos y lo ocupemos para batallar contra las injusticias globales y locales, para mejorar fallas que pueden fácilmente corregirse y para hacer de este frágil planeta un lugar más acogedor no sólo para unos pocos humanos afortunados, sino para todos los que lo habitan.

El consumismo es una y otra vez vilipendiado, acusado del cambio climático, de la miseria de millones, del colapso de la biodiversidad y del rápido agotamiento de los recursos naturales. Con puras malas connotaciones, se presenta ante el público como una verdad inevitable, el sino al cual la Humanidad está predestinada.

Lo que se dice menos y creo que debería recalcarse, al contrario, es que consumir es opinar, es dar nuestro voto, es hacerle un tic al costado a nuestro candidato preferido (sea lavalozas, línea aérea o marca de ropa). Más aún, tan análogo es consumir a acudir a las urnas electorales que incluso podemos votar nulo si no nos gusta ninguna de las opciones: no compramos, pasamos de largo, no agregamos ese ítem al carro de compras. Créanlo o no, señoras y señores, ese acto marca una diferencia.

Si Revlon decidió a fines de los años ’90 dejar de testear sus productos en animales, fue por la amenaza de un grupo organizado de compradoras de abandonar en bloque su lealtad a la marca. Si Coca-Cola Zero le quitó por fin el ciclamato de sodio a su versión latinoamericana fue por la protesta de asociaciones de consumidores de diferentes países, cuando descubrieron que se trataba de un agente cancerígeno prohibido en Estados Unidos y Europa. Si en 2015 California no tendrá más pollos enjaulados es por la presión que ciudadanos contrarios al maltrato animal pusieron sobre la legislación vigente. Si Nike ha mejorado en algo sus condiciones laborales y ambientales en sus fábricas asiáticas, ha sido por la activa oposición y denuncia de organizaciones de derechos humanos y medio ambiente.

Que a la lista de arriba siga un largo etcétera depende de cada uno de nosotros, pero no separados, sino todos juntos. Ahí está lo simple y lo complicado de este deseo de año nuevo. Al menos me comprometo aquí a hacer mi parte para cumplirlo.

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3 comentarios en “Mi pedido de Navidad

  1. pucha, me dejas dudas… es como ke puede o no puede ser… como ke si el mercado lo hace bien, está bien… mmm … y si no lo hace bien???? cagué???? ¡¡¡¡ en otros textos estabas mejor posicionada… si piensas ke es mejor hacer un paso intermedio en la realidad, entonces dilo nomás, pues la tenemos perdida, dimelo nomás (y no es ke mi pensamiento esté definido con tu opinión) (pero me (nos) gustaba jejejej), así leo otras cosas ke conozco y no me intereso en tus escritos jeje… o los leo como algo “piola”… feliz año mancilla con c (ke es una parte de lo ke me gusta de leerte.

    • Perdón por la demora, pero estaba escapando de un tiburón en Vanuatu. No hay nada que dudar: de consumir, vamos a seguir consumiendo, nada que hacer. Pero podemos consumir mucho MENOS y mucho MEJOR. No es un paso intermedio, es un camino diferente. Igual, gracias por el comentario y en la diferencia está lo interesante. En cuanto a lo de Mancilla con c, lo he asumido con el tiempo (un error de ortografía de algún oficial del registro civil chilote). Ahora lo pienso como que “Mancilla” con c deja una mancha…

  2. Pingback: La “fiesta” del gas « El ojo parcial

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