¡Maten al koala!

Todo comenzó como un inocente y bien intencionado experimento. Entre 1923 y 1925, 18 koalas fueron introducidos desde el continente australiano en Kangaroo Island (KI), una pequeña isla al sur de Adelaida que ha sido denominada como “Australia en miniatura”. La idea era repoblar de fauna nativa, por lo que también se llevaron ornitorrincos, iguanas y wallabies, un tipo de canguro más pequeño. Mientras estos últimos se adaptaron sin problemas, sin embargo, los archifamosos koalas se convirtieron en una plaga, que en 2001 se estimaba en 27 mil ejemplares.

“¿Plaga de koalas? Pero si son tan tiernos los ositos y no le hacen mal a nadie”, dirá más de alguien que tiene una versión de peluche en su cama. Mentira. Para empezar, no son osos, sino marsupiales, lo que contribuye a su imagen de exquisitos, cuando llevan a su cría en la bolsa delantera. Para seguir, eso de la ternura ha sido exagerado. Como sólo se alimentan de hojas de eucaliptus, que actúan como un poderoso somnífero, los koalas viven para comer y dormir. Quizás su mirada perdida ha jugado en su favor, o quizás ha sido su pelaje suavísimo (que se usaba para fabricar sombreros). Sin embargo, basta con ver sus garras o despertarse en la noche con sus gritos simiescos para bajarlos del podio de las criaturas angelicales. Por último, el gran problema es que sí hacen mucho daño, no al Servicio Nacional de Turismo de Australia, pero sí a los cientos de eucaliptus que comen a los largo de sus 17 años promedio de vida, algunos de ellos en peligro de extinción. Sin depredadores, a este ritmo amenazan con causar una catástrofe ecológica en la isla… pero nadie se atreve a actuar.

La sobrepoblación de koalas en KI me recuerda inevitablemente la plaga de castores en Magallanes (aunque en este último caso fueron traídos desde Canadá y no reintroducidos). Se trata de un dilema ético, donde cualquier solución será desfavorable para los afectados. Si se deja que sigan reproduciéndose, especies nativas de árboles (pero también de ciertos pájaros y animales pequeños) se verán irreversiblemente afectadas. Por otro lado, las diferentes medidas sugeridas para paliar el problema no han dejado a nadie incólume. Primero, se ha propuesto simplemente matarlos hasta reducir su número, lo que ha provocado el grito de las agencias de turismo y de algunos grupos animalistas que se preguntan, con justa razón, por qué tienen que pagar los koalas del siglo XXI por la falta de criterio de un puñado de humanos en los años veinte. Luego, se ha dicho que se podría mantener la atracción para los turistas organizando safaris para cazarlos. Ante esto queda la duda de quién se atrevería a poner la cabeza de tan inofensiva presa como trofeo sobre la chimenea. Una tercera opción es estirilizarlos, lo que cuesta carísimo y se pagaría con los impuestos de todos los australianos, idea políticamente incorrecta. Por último, se ha sugerido envolver la base de los árboles en lata para que se resbalen y no puedan subir. Así morirían de hambre, o sea, ¡de muerte “natural”! Me declaro incompetente para resolver la encrucijada, pero una sola cosa saco en limpio: ya hemos experimentado y echado a perder bastante. Al menos de aquí a futuro, y considerando que nuestros errores los pagan otros, deberíamos ser más pudorosos como especie antes de decidir por las demás.

 

Esta columna también puede encontrarse en Otromundoesposible, Revista Iberoamericana de Sostenibilidad.

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2 comentarios en “¡Maten al koala!

  1. Es exacto que somos incompetentes para resolver un problema de esa naturaleza. Ello no obsta que quienes si son competentes tendrán que solucionar el error cometido por los conceptores del proyecto, sin duda nacido de buenas intenciones pero sin medir el alcance real y consecuencias futuras que tal medida tendría y que hoy constatamos.
    Horripila la idea de exterminación, de la caza, tan arraigado esta en nosotros, y en buena hora, el derecho a la vida.

    Preservar la nauraleza y todas las especies vivientes es un deber para nosotros seres humanos dotados de la capacidad de pensar y anticipar o soñar el futuro, conscientes de que somos solo un eslabón necesario, al igual que todos los demás en la cadena de la vida.

    Extraer familias de koalas para implantarlas en otro lugar, sería reincidir en el mismo error, exterminarlos, un crimen, esterilizar permitiendo que un cierto número de ellos puedan seguir reproduciendose, sea cual fuere el costo y sin caer en la odiosa “selección de los más fuertes y más aptos a la supervivencia” que sería un criterio injusto, parece ser la solución más humana y racional. Pero la lección que se desprende es que nuestras generaciones actuales y futuras de seres humanos, tienen que aprender de estas experiencias evitando caer en otras nuevas que a termino amenacen simplemente la vida en nuestra tierra -planeta y hogar.

  2. Pingback: Anónimo

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