Relaciones púdicas

La semana pasada se cumplieron 15 años desde que el escritor nigeriano Ken Saro-Wiwa fue ejecutado junto a otros ocho activistas por el gobierno militar de la época, acusados de un crimen que nunca cometieron. Saro-Wiwa y otros miembros de la tribu Ogoni de ese país protestaron contra la política poco transparente que la gigante petrolera Shell llevaba a cabo, al parecer coludida con el dictador de turno. Aunque Shell nunca admitió responsabilidad alguna en la condena de sus pacíficos opositores, 1995 se transformó en su annus horribilis, con vigilias y demostraciones que sepultaron – si es que alguna vez la tuvo – su reputación de honestidad y juego limpio. Hoy han salido a la luz nuevos documentos que muestran cómo la compañía después del episodio se concentró no tanto en limpiar los pozos de agua contaminada en tierra Ogoni, cuanto en lavar su imagen. Para ello, su equipo de relaciones públicas construyó una estrategia que fue desde formar “vínculos duraderos” con editores de agencias y medios hasta construir colegios en las aldeas afectadas. (Junto a las canchas de fútbol, éstos parecen ser un clásico de las multinacionales que buscan comprar conciencias locales a precio de costo).

En la actualidad, Halliburton explota gas natural por diferentes rincones de Estados Unidos, mediante un proceso llamado fracturamiento hidráulico, mediante el cual se inyecta a alta presión un chorro de agua, arena y químicos que rompen el suelo y hacen brotar el gas. Todo bien, si no fuera porque existe el riesgo de contaminar las napas subterráneas adyacentes. Esto es lo que denuncia el reciente documental Gasland de Josh Fox, con la inolvidable imagen de un hombre que prende el agua de la llave con un fósforo. Sí, la misma agua que alguna vez le había servido para beber, bañarse y lavarse los dientes. En lugar de organizarse, quienes han sufrido los efectos de este proceso hasta ahora luchado separados, y han recibido compensaciones nimias, desde filtros de agua hasta un par de miles de dólares para comprar agua embotellada y olvidarse del veneno que corre por sus cañerías. Por supuesto, Halliburton nunca ha admitido responsabilidad alguna y ha vendido su producto, el gas natural, como el paradigma de las energías limpias. Además, se ha negado a revelar los químicos usados en el proceso.

Hace unos años, reporteando el proyecto Pascua Lama de Barrick Gold, le pregunté a su relacionador público cómo era eso de trasladar glaciares de un cerro a otro, según aparecía en su Estudio de Impacto Ambiental. Sin arrugarse, me respondió que habían contratado para ello al experto mundial en el tema y que no había de qué preocuparse. Yo, arrugándome en extremo, consulté con glaciólogos y geólogos de diferentes universidades del mundo si esto era posible. Y, por supuesto, recibí como respuesta un gran y exclamativo “¡No!”. La compañía luego quitó esa parte del estudio que no resistía análisis, y su equipo de RRPP siguió sonriente como si nada.

Un fenómeno preocupante es cuando las relaciones públicas dejan de ser púdicas y se transforman en concubinato con poderes corruptos, compra de voluntades y mentira sonriente. Entonces se transforman en “prostitución pública” o “relaciones impúdicas”. Y le hacen mal a los que intentan hacer su trabajo respetando un mínimo código de ética.

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3 comentarios en “Relaciones púdicas

  1. Estimada Alejandra,
    Es importante hacer lo que tu haces, poniendo en relieve, ese tipo de escandalos que la corrupción institucional ampara. Es importante romper el silencio y no transformarse en complices de lo inaceptable. Ello habra de permitir que mas gente tome consciencia de esta realidad y sobre todo de la necesidad de reaccionar colectivamente para cambuar este estado de cosas.

    Desgraciadamente aunque me repita, rentabilidad y ganancias son conceptos que en el sistema actual (capitalista y neoliberal), tienen preeminencia sobre todo principio de orden ético.

  2. El problema a mi juicio radica en que en realidad la práctica de la “comunicación estratégica”, las famosas “relaciones públicas” y toda esa supuesta idea de “relacionarse” con la comunidad, de ser un empresa “responsable”, etc. ha sido, en su mayoría, una gran mentira. No hay ninguna intención de comunicar ni entrar en un diálogo que implique, por ejemplo, a través de los procesos de participación ciudadana, cambiar los proyectos, tomando en consideración los aportes o demandas de la comunidad. En absoluto. El asunto se trata más bien de que ante la democratización progresiva de las sociedades y el aumento de información disponible surge “allá afuera” una comunidad que mete “ruido”, que molesta, y la pregunta entonces es cómo paso por encima de eso con mi proyecto tal cual. Entonces, ideas buenas y prácticas intersantes (como la famosa RSE) pasan a ser prácticas sucias que consisten “en hacer como que nos escuchamos”, “en hacer como que nos relacionamos y comunicamos”, cuando en realidad no hay relación, sino que imposición, y tampoco hay diálogo o comunicación, sino que desinformación y compra de voluntades. Barrick tuvo el descaro de decir que eso de los glaciares lo habían hecho exitosamente antes en un país de Medio Oriente, lo dijo incluso en la televisión, con público masivo y todo. Hay que ser muy prepotente para no pensar que en un mundo hiper conectado algunas personas u organizaciones iban a indagar al respecto. Eso hizo por ejemplo Chile Sustentanble y descubrió que todo era un invento. Y se dio a conocer también en la televisión, a la luz pública. Tuvieron que cambiar el EIA, pero llega a ser violento, agresivo, que crean que pueden hacer esas cosas y salir impunes. Lo peor de todo, es que con la aprobación del proyecto salen finalmente impunes, ya que hay evidencia de que los glaciarse se han derretido y de que no están cumpliendo varias condiciones de la aprobación del proyecto, pero mucho no pasa.

  3. Sí, es deprimente pensar que las empresas privadas funcionan sólo con la ley del garrote, y que no tienen motivación alguna como agentes morales. De hecho, creo que una de las preguntas que debe hacerse la ética hoy es qué hacemos con estos entes que tienen personalidad jurídica, pero no son personas individuales. Qué pasa con su responsablidad cuando dejan algún desastre y todos los individuos que la forman miran para otro lado, desde el gerente general para abajo… Si a eso se suman autoridades que parecen trabajar para las empresas más que para los ciudadanos, la situación es aún más preocupante.

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