Condorito

Tengo una amiga que solía trabajar en un banco que se asegura de mantener el perfil conservador de sus clientes, pero sobre todo de sus empleados. Y me contó la siguiente historia. Después del desértico febrero, cuando sólo los estudiantes en práctica y los obsesivos se quedan trabajando, llegó la hora de verse las caras otra vez en marzo, y contar lo mejor de las vacaciones. Cuando a una de las nuevas funcionarias le tocó el turno, ésta declaró muy campante que se había ido a un rincón caribeño con su novio, y que había sido una verdadera luna de miel. Ante los rostros compungidos y el silencio punzante de los presentes, la pobre no supo cómo reaccionar y no entendió qué había hecho mal. Mi amiga – que también era relativamente nueva en el negocio – tampoco entendió, pero la explicación le llegó sin que la pidiera, poco después, de boca de una de las ejecutivas mayores; una señora “bien”: “Si no está casada y se va de luna de miel con el novio, bien por ella. Que lo haga si quiere… ¡pero cómo lo dice!”
El pecado mortal de la pobre novata, entonces, no radicaba en su estado de concubinato rampante, sino en su confesión del hecho. En su hablar y no en su amor espontáneo se hallaba la culpa y el motivo del rechazo cerrado de los oyentes. Concluyó mi amiga que en ese acto colectivo se había manifestado la esencia, la Idea pura de hipocresía, y desde ese día mandó currículums a otros bancos hasta que logró cambiarse de trabajo. “Bien por ella”, dije yo.
Hay un caso, sin embargo, donde es mejor callar que salir con una declaración espontánea, y es en ese caso donde lo que consideramos generalmente como hipocresía se transforma más bien en prudencia política. Cuando se ostenta un cargo público de alta jerarquía y no se saben ciertas cosas que se da por hecho que alguien en dicho cargo debe saber, más vale encubrir la propia ignorancia en el silencio que manifestarla sin pudores.
Si la popularidad de nuestro actual mandatario sigue creciendo a la misma velocidad que su lista de desaguisados históricos y culturales, pronto batirá todos los récords de los que se tenga memoria. Dar por muerto a Nicanor Parra y por cierto a Robinson Crusoe se lo perdono a mi tía Lenka, pero no a quien dirige la nación; creer que Hernando de Magallanes colonizó el Estrecho y que el laurel es el árbol sagrado del pueblo mapuche vaya y pase para un pingüino de cuarto medio, pero no para quien quiere que su gobierno pase a la historia – entre otras cosas – por arreglar la crítica situación de la educación en Chile; estamparle, por último, una dedicatoria nazi al pueblo alemán creyendo que era un piropo no causa gracia, sino vergüenza ajena.
No sé quién prepara las intervenciones del presidente, ni quien lo asesora en estas materias, pero si Maquiavelo resucitara probablemente pediría sus cabezas. Y luego de eso susurraría al oído del Príncipe, con el mismo tono de la señora “bien”: “No importa que no lo sepas… ¡pero cómo lo dices!”

Esta columna también puede verse en El Magallanes.

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2 comentarios en “Condorito

  1. La sabiduria popular acuña siempre dichos que se refieren a ese tipo de situaciones, “aunque la mona se vista de seda mona se queda” dice el refrán mona o mono da lo mismo en el caso, más fino ” lo que la naturaleza no dá, la diplomacia no lo presta” a proposito de ciertas facultades o dones innatos ( que como la inteligencia) son imposibles de adquirir, (aunque se tenga dinero).
    Y hablando de diplomacia, viene al caso recordar la anecdota de un viejo amigo nuestro ex-consul de Chile durante el Gobierno popular de Salvador Allende, poseedor de un vasta cultura y conocimientos, Don Carlos Diemer, que espantado de horror ante la ignoracia de que hacian gala, muy frescos de cuerpo algunos de nuestros compatriotas, exclamó enojado un dia que “la ignorancia es insolencia”.
    Pienso que tenía y tiene razón, porque no hay nada más irritante para el que aprendió algo de la vida y sabe callar cuando no sabe, que el desparpajo e insolencia con la cual destila su ignorancia alguién que desde la suprema magistratura debe representarnos dignamente.

  2. Ale, encuentro geniales tus reflexiones. Y te quedaste corta, porque no hiciste mención del poco decoroso papel de nuestro líder mostrando el pergamino de los mineros o las piedras “fósiles” extraídas de la tierra, a cuanto personaje ilustre se le atravesó por su gira. También digno de vergüenza ajena.

    Bueno, cada polis tiene los gobernantes que elije y eso nos retrata como cultura también.

    Beatriz Contreras

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