17/10/10 El mito de la caverna 2.0

Al fondo de una caverna, iluminadas por una tenue luz, un grupo de personas contemplan – como en una sala de cine – una seguidilla de imágenes que dan por ciertas, pero que en realidad no son más que las sombras de unas marionetas que manos ocultas mueven por detrás. Las personas creen estar viviendo libres su realidad, aunque están encadenadas sin saberlo y condenadas a ese mundo de apariencia. Para contemplar la realidad verdadera, el esfuerzo es tan grande que sólo unas pocas lo lograrán: romper los eslabones y avanzar a tientas por la oscuridad hasta salir a la luz y quedar encandilado por ella… hasta que los ojos se acostumbren. Quien lo logra, se da cuenta de que todo lo vivido hasta entonces fue ilusión; que lo que le presentaron por cierto e importante no lo era, y que, si desciende de nuevo a la caverna e intenta convencer a los demás de su error, pocos le creerán. La mayoría, al contrario, preferirá seguir amarrada y atribuyéndole existencia propia a meras sombras.
En la República, Platón ofrece esta metáfora sobre realidad y apariencia, vida bien y mal vivida, verdad y engaño. Me tomo la libertad de ponerla de cabeza y aplicarla a aquello que en los últimos días nos ha tenido pendientes no sólo a los chilenos, sino a todo el mundo – desde Obama hasta Chávez: el glorioso rescate de los 33.
Desde el 14 de octubre pasado, los 33 de San José (o Sanhouséi, como le dicen los gringos), se sumaron al podio de héroes nacionales junto a los 77 de la Concepción. La diferencia es que los segundos sabían a lo que iban, mientras que los primeros llegaron al ranking de manera accidental: no sabían la fuerza que llevaban dentro hasta que un evento fortuito les obligó a sacarla.
Al revés de los encadenados de Platón, quiero suponer que los mineros rescatados del fondo del desierto nortino probablemente vieron en la oscuridad aquello a lo que habían estado cegados en la superficie. A 700 metros bajo tierra, sin televisión ni celular, encontraron el valor de la amistad, de la lealtad y de la unidad (a costa de peleas y tensiones previas, hay que decirlo). Se replantearon sus vidas hasta entonces y la que llevarían si lograban salir. Tuvieron que enfrentarse a sus debilidades, y descubrieron ocultas fortalezas. Cada uno nos podría dar a partir de su experiencia una lección de vida… siempre y cuando no olviden lo vivido.
El desafío es mayor, considerando la cantidad de atrayentes imágenes que se les presentan de vuelta en la superficie. En lugar de preguntarles lo que “vieron” ahí abajo, los embadurnamos de i-phones, cruceros por el Mediterráneo, entradas gratis a la tierra de Elvis y eventos futbolísticos varios. En lugar de dejarlos hablar (pero hablar de verdad, no para armar cuñas periodísticas ni caricaturas televisivas), los ensordecemos con pomposas declamaciones. Ojalá que los 33 sean capaces de mantener esa mirada que ganaron en el fondo de la tierra, y que nos traspasen algo de esa luz interna que ahora llevan. En esta versión de La Caverna, somos nosotros aquí en la superficie los encadenados que tienen algo que aprender.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s