05/09/10 El Monte

En su libro Fundamentos de Ética Medioambiental, el filósofo estadounidense Eugene Hargrove escruta aquellas actitudes presentes en la cultura occidental que servirían para fundar una ética de respeto por la naturaleza: desde las propiamente filosóficas, pasando por las estéticas hasta las científicas. En un pasaje muy interesante, que trata las relaciones de propiedad y uso de la tierra, el autor explica cómo, al momento de constituirse los primeros parques nacionales en Estados Unidos, a mediados del siglo XIX, uno de los argumentos de los opositores sostenía que esas hectáreas se iban a convertir en wasteland: tierra perdida o desechada. El valor de la tierra lo ponía el trabajo del hombre, decían, remitiéndose a la tradicional doctrina del derecho de propiedad de John Locke. Una tierra sin peregrinos ni vacas pastando no tenía razón de ser. Había que domarla, colonizarla y conquistarla antes de que ella nos conquistara a nosotros.
Afortunadamente para sus hijos y nietos, sus razones no convencieron lo suficiente y fue posible el nacimiento de parques como Yellowstone, con sus bosques poblados por el oso Yogi y sus géisers que atraen a miles de visitas cada año. Esa idea de que la tierra intocada y sin la presencia humana carece de todo valor y necesita ser domesticada se mantiene viva, sin embargo, y nos toca de cerca. Baste con examinar la relación que mantienen aún hoy los chilotes con “El Monte”.
¿Qué es “El Monte”? Pues lo contrario de la tierra “limpia” para el pastoreo; ese lugar de difícil acceso, desde donde salen los zorros por la noche a comerse las gallinas, desde donde se oye el misterioso canto del chucao y donde probablemente viven el Trauco, la Fiura y el Basilisco. El monte es tierra desaprovechada, porque no deja lugar para la habitación humana ni para el ganado ni para el cultivo. Sólo cuando se ha talado, rozado y arado sube de status.
Sería interesante estudiar cómo los valores heredados por los antiguos colonizadores españoles aún se mantienen vivos en la conciencia chilota. A su llegada, hace más de cuatro siglos, el bosque nativo se presentaba sin duda como el principal enemigo del hombre, aquél que le impedía avanzar y que amenazaba con cercarlo al menor descuido. Mientras los huilliches convivían en armonía con su medio, los colonizadores importaban el modelo europeo de agricultura, donde la pradera era el summum bonum.
Así fueron “limpiando” la Isla Grande y también las pequeñas (muchas de ellas hoy tienen que importar leña de otros lugares), y así fueron llegando males asociados, como el espinillo, plaga que inunda las praderas abandonadas y que cada vez se extiende más al sur.
¿Cómo detener la tala y preservar lo que queda? ¿Cómo hacer que “El Monte” pase de tener una connotación negativa a una positiva? Poco a poco, parece, los chilotes se han ido dado cuenta de lo que tienen y de lo que vale. Que un inversionista de ojo certero hoy laboralmente reconvertido se haya comprado el 15 por ciento de la isla donde más “Monte” hay, algo debería indicar. Ojalá pronto sea una perogrullada decir que la naturaleza está recuperando el valor que durante tantos siglos le fue injustamente negado.

Anuncios

4 comentarios en “05/09/10 El Monte

  1. Alejandra,

    Bonito artículo, y me gustó leer del ‘monte’, justamente lo que defiendo por acá en zona oriental de los andes colombianos; no en vano el nombre de nuestra Fundación, y de una reserva natural civil local… “Montecito”.

    Si fuera posible, le pido me envíe copia (o enlace) al libro aquel (Fundamentos de Ética Medioambiental), que sin duda ayudará a fortalecer nuestros objetivos.

    De otro reciente artículo suyo, ‘empleo tipo salmón’, encontré también identidad, por estar nosotros aca en una lucha contra las trucheras en jaulones en nuestro principal lago (Lago de Tota), donde a cambio de ver el daño y costos que implica el deterioro ambiental acuicola de esa industria, prefiere verse el beneficio de empleos y la solución alimentaria de esos peces; ambas cosas ciertas, pero pesando aquello más que esto en la balanza… es decir, no es algo sostenible. La lucha busca obligar al cultivo solamente en estanques, nada en jaulones.

    Ojala podamos mantener comunicación. Los temas ambientales no tienen frontera.

    Saludos,
    Fundación Montecito
    Felipe Andrés Velasco – Director General

    • Hola Felipe, la traducción del libro de Hargrove (en la cual participé) va a salir probablemente el próximo año. Que yo sepa no está online, pero quizás se puede pedir por Amazon: se llama Foundations of Envirnmental Ethics. Qué interesante lo del Lago de Tota. Investigaré más, porque no tenía idea. Y espero también que estemos comunicados: estos temas adquieren más fuerza cuanto más personas sepan de ellos y estén atentos. Saludos!

  2. Desde hace un tiempo vengo leyendo con atención los artículos que publicas en “El Magallanes”, hoy me sorprendí, buceando en la web para encontrar más artículos tuyos.

    Mmmm, creo que debo aceptarlo, me declaro tu seguidora.

    Cariños

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s