20/06/10 Pan y circo

Cuando todos los ojos, todos los pensamientos y todos los corazones parecen estar en Sudáfrica por estos días, aprovecho la oportunidad para traer a la memoria algunas cifras de este mundial de fútbol, y luego compararlas con otras cifras mundiales, menos conocidas y menos populares, pero mucho más urgentes e importantes.
Me entero que entre sueldos y contratos publicitarios los ingresos de varios de los jugadores que participan en esta copa superan los 20 millones de dólares anuales, entre ellos los de los brasileños Ronaldo, Ronaldinho y Kaká. Los DTs tampoco se quedan atrás, liderados por Fabio Capello de Inglaterra, con casi diez millones de dólares. A escala local, el tocopillano veinteañero hoy delantero del Udinese, Alexis Sánchez, no lo hace nada de mal, aunque su situación parezca modesta en comparación con los top ten: hasta el 2014, recibirá cerca de un millón de dólares sin contar premios ni otros beneficios. El argentino de todos los chilenos, Marcelo Bielsa, se ubica por su parte en el lugar 17 entre los técnicos mejor pagados, embolsándose 850 mil dólares al año: unos 130 millones de pesos mensuales, equivalentes a 866 sueldos mínimos.
Se dice que las multitudes quieren pan y circo, y circo −o fútbol, en este caso− es lo que esta élite de peloteros sabe entregar por montones. Circo es también lo que por estos días nos venden como “noticias” los canales abiertos casi sin excepciones, y circo son los políticos que intentan conquistar votos vistiendo camisetas del color que venga al caso o chuteando torpemente el balón… siempre y cuando haya una cámara como testigo.
De tanto enfocarse en el circo, sin embargo, futboleros, medios de prensa, políticos y, por extensión, el público, ignoran por completo el otro lado de la moneda, menos festivo y brillante: el del pan. Mientras son bien publicitados los millones que les llueven a los protagonistas de Sudáfrica 2010, poco se habla de otras cifras mundiales, que afectan a tantas personas en ese país, en ese continente y en el mundo entero. Por ejemplo, que difícilmente estarán pendientes del campeonato las 2.500 millones de personas que viven hoy en pobreza severa (¡con menos de dos dólares diarios!), preocupadas como están de apenas sobrevivir. Tampoco llegarán las luces mundialeras a los 1.600 millones que aún viven en la oscuridad, y no habrá gol que alegre a las 29 mil madres africanas, latinoamericanas y asiáticas que diariamente pierden a un hijo por enfermedades tan triviales como la diarrea, que nunca matarían a nadie en un país desarrollado.
No se trata de ser aguafiestas, sino objetivo. No se trata de proponer un recorte a los sueldos del puñado de goleadores millonarios para redistribuirlos entre los millones de seres humanos hambrientos. Ni se trata tampoco de calcular cuántas casas podrían construirse para las víctimas del terremoto con lo que ganan Beausejour, Bravo o Valdivia. Simplemente, pido un poco de sensatez en medio de la fiebre circense, para poner las cosas en perspectiva. Para que haya circo, primero tiene que haber pan.

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