22/05/10 De Tasmania a la Patagonia (Parte I)

La fotografía dejaba sin palabras: un río de aguas esmeralda baja tranquilo por una garganta rocosa, sobre la que se elevan árboles milenarios, medio escondidos en la niebla del amanecer. “¿Votaría por un partido que quiere destruir esto?”, aparecía la pregunta más abajo. Pocos se habrían atrevido a decir que sí.


Morning Mist, Rock River Bend, Peter Dombrovskis®.

El aviso, que fue a toda página en los principales diarios de Australia en 1983, antes de las elecciones federales, fue decisivo para evitar la construcción de la polémica represa Franklin en Tasmania, la pequeña isla-estado al sur de ese país. Mientras el gobierno liberal local apoyaba el proyecto, que buscaba reactivar la economía a costa de inundar una zona declarada patrimonio mundial por la Unesco, los laboristas triunfantes en las elecciones del gobierno federal unieron fuerzas con los detractores, generando la mayor campaña ambiental en la historia australiana; una que no habría podido tener éxito de no haber sido por la organización, persistencia y habilidad estratégica de sus dirigentes.
Tras cinco años de marchas masivas, protestas y bloqueo pacífico, los opositores a la represa lograron convencer finalmente al Tribunal Supremo de que era inconstitucional, porque violaba tanto leyes nacionales como tratados internacionales suscritos por Australia. El fallo, conocido como “Tasmania versus Commonwealth”, se convirtió en un clásico del derecho ambiental.
No puedo dejar de comparar este caso con el proyecto de construcción de cinco mega-represas en la Patagonia, que pretenden generar 2.750 MW (¡15 veces más que la represa Franklin!) para saciar la sed energética del Norte. Si en Tasmania al menos la energía producida iba a ser para consumo local, aquí el plan sería acarrearla 2.300 kilómetros, por una de las más largas líneas de transmisión de nuestro planeta. Creo que los chilenos deberíamos hacernos conocidos por otros récords.
En este sentido, la campaña “Patagonia ¡Sin represas!” del Consejo de Defensa de la Patagonia Chilena, me parece bien encaminada. Son más de 30 agrupaciones chilenas y extranjeras las que están trabajando para salvar un ecosistema único de morir inundado… o atravesado por cables de alta tensión. Los argumentos sobran: que la opción más barata hoy será a mediano y largo plazo la más cara (e irreversible); que no es la única alternativa, porque tenemos sol, geotermia y viento en abundancia; que si beneficia a alguien, no es a los locales; y que un número creciente de estudios científicos muestran que las grandes represas no son la energía limpia que claman ser.
Está claro, sin embargo –y aquí el ejemplo de Tasmania es decisivo–, que en estas batallas los argumentos no son lo único que importa. Las espectaculares fotografías de Peter Dombrovskis que se usaron en esa campaña, el jingle “Deja fluir al río Franklin” que sonaba en todas las radios y la pasión de los manifestantes (que en un momento repletaron las cárceles del estado), fueron todos símbolos poderosos a la hora de formar e informar a la opinión pública. Por estas y otras razones –que dejo para la próxima– una mirada a este caso histórico es iluminadora para quienes queremos una Patagonia sin Represas.

Más información en:
National Geographic: Patagonia to be drowned by dams?
Patagonia Sin Represas, página principal

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