13/02/10 ¿Cangurianos al rescate?

¿Cangurianos al rescate?

Mientras por estos días los chilenos que buscan estar bien informados se abocan a revisar los currículos y referencias del futuro gabinete, en tierras australianas el tema cotidiano es cómo disminuir las emisiones de carbono sin detener la máquina económica; un reto nada menor para quienes ostentan el título de país más contaminante del mundo per cápita.
Hasta el momento, no hay acuerdo acerca de cuál es la mejor manera de enfrentar el reto, pero uno puede deleitarse cada mañana leyendo los diarios y encontrándose con propuestas que, más allá de si funcionan o no, merecen un monumento a la creatividad o, más bien, a lo rebuscado.
Imposible es dejar de mencionar en esta línea al movimiento canguriano (“kangarootarianists”, en inglés), cuyo fin es convertir la carne de canguro en la más cotizada, desplazando a vacas, ovejas, chanchos y pollos. El argumento detrás es que estos nativos habitantes son una plaga (no tienen más depredadores que el hombre… como si eso fuera poco) y es por lo tanto mucho más eficiente en términos económicos y ambientales comérselos a ellos que mantener las granjas industriales con toda la polución, gasto energético y sufrimiento animal que conllevan. Mientras los canguros llevan una vida feliz brincando libres y sufren una muerte “humanitaria” –de un solo tiro seco en la nuca–, los animales de fábrica nacen, viven y mueren miserablemente. El gasto de energía de esta industria carnívora en auge es casi nulo y… lo mejor de todo: a diferencia de vacunos y ovejas, sus ventosidades contienen niveles mínimos de metano, uno de los gases responsables del calentamiento global.

Considerando que un 13% de las emisiones de carbono australianas provienen de los intestinos de las vacas, más allá de las risas hay muchos ya que se están tomando esta moda en serio. Las revistas gourmet publican recetas de costillas de canguro asadas o filete de canguro, los restoranes más caros lo agregan a la carta y las parrilladas dominicales no se consideran completas sin un choripán de “roo”.
Pero más rebuscados que los cangurianos son todavía los carnívoros acérrimos quienes, ante esta amenaza a su dieta, han propuesto inyectar la bacteria mágica que habita los estómagos marsupiales en los estómagos vacunos y ovinos, para así obtener carne fresca con pedos “libres de metano”.
Lo que ninguno de ambos grupos se ha preguntado, sin embargo, es si no será mejor eliminar la carne de su dieta y punto. El argumento de que somos carnívoros por naturaleza y de que tenemos que usar los colmillos para algo me parece tan pobre como defensa como el argumento de que somos violentos por naturaleza y de que, por ende, no podemos evitar la guerra. En cuanto a la muerte “humanitaria” de los “roos”, ésta omite el hecho de que por cada madre que matan, hay que sacrificar al “joey” o guagua que llevan en su bolsa, demasiado pequeño para comerlo y demasiado pequeño para sobrevivir por sí solo. Que una sea la opción más “ecológica” no quiere decir que sea la menos sangrienta.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s