28/08/09 “Tanto y tan poco”

Tanto y tan poco

En la cuarta ciudad más grande de Irak, Nasiriyah, se preparan para un apagón total y sin fecha de término. Esta vez la causa no son los bombardeos estadounidenses, sino la naturaleza encaprichada y unos países vecinos sedientos de agua y electricidad. Y el protagonista del conflicto es el Eufrates, ese río cuyo nombre aprendimos en el colegio cuando estudiábamos Mesopotamia, una de las grandes civilizaciones de la Antigüedad.
El problema es el siguiente: en los últimos cinco años, mientras el país se hallaba en caos interno, Turquía, Siria e Irán –con quienes Irak comparte el Eufrates– comenzaron a construir represas río arriba, lo que disminuyó drásticamente el nivel de las aguas, sobre todo en el sur de Irak. Esto, unido a las escasas lluvias, tiene hoy a los dos millones de habitantes de Nasiriyah y de las aldeas aledañas al borde del colapso, casi sin luz eléctrica y con racionamiento de agua potable, al punto que ya comienza el movimiento de desplazados hacia otras ciudades. En cuanto a la agricultura, los planos fértiles han dado paso a un paisaje semidesértico donde ya poco se cosecha. Las tierras que antes alcanzaban para alimentar a toda la población del país, en 2009 apenas alcanzarán para cubrir el 40 por ciento de la demanda de frutas y verduras.
En Kiribati, uno de los países más pequeños del mundo, compuesto por una serie de atolones que apenas sobresalen en medio del ancho océano Pacífico, el agua también se está convirtiendo en un problema, pero por otras razones. Esta vez es su exceso y no su falta la que tiene a los casi cien mil habitantes construyendo murallones de piedra para contener su avance; agua salada que amenaza con hundirlos a ellos y a sus casas y a su cultura ancestral en un futuro cercano, futuro negro que comparten con otros archipiélagos vecinos, como las Islas Marshall y las turísticas Maldivas.
Aquí también se confabulan factores políticos y naturales para conducir a la tragedia. Los kiribatianos aducen como principales responsables de su suerte a los Estados Unidos y, en menor medida, a todos los países desarrollados que en su conjunto han gatillado el calentamiento global y que aún no se comprometen a una reducción drástica en sus emisiones de CO2. Un alza de un par de centímetros en los niveles del mar bastará para hacer desaparecer a Kiribati del mapa… literalmente. Tan desesperada es la situación que ya el gobierno ha puesto en marcha una política para enviar a mil jóvenes anualmente a estudiar a Australia y Nueva Zelandia, con la esperanza de que hagan de esos países su nuevo hogar.
Por exceso o por defecto, en Nasiriyah, en la Polinesia y en miles de otros lugares los efectos patentes del cambio climático se empiezan a sentir. Lo que aún no se siente es el cambio de actitud necesario para hacerle frente. ¿Tendrán que tocar a nuestras puertas las inundaciones o las sequías para formar por fin una conciencia planetaria?

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